Flora Tristán, precursora

sentido moral a sus sentimientos, suavizan sus costumbres y alivian sus crueles sufrimientos. Pero ¿es esto suficiente? ¡no, de verdad que no! ya que en definitiva, esta clase de socieda– des no pueden cambiar en absoluto (ni tampoco tiene esta pre– tensión), ni siquiera pueden mejorar la posición material y mo– rai de la clase obrera. El padre, miembro de una de estas so– ciedades, ·· vive miserablemente, sufre y no tiene la esperanza consoladora de pensar que sus hijos estarán mejor que él; és– tos, a su· vez; serán miembros de la misma sociedad y vivirán tan miserablemente como el padre, sin ninguna esperanza de que sus hijos .estén mejor que ellos. Fijémonos bien, toda socie– dad que actúe en nombre de la individualidad, y tenga por ob– jetivo aliviar temporalmente al individuo, tiene invariablemen– te el mismo carácter. A pesar de todos sus esfuerzos no podrá crear nada grande, nada adecuado y capaz de producir un re– sultado notable.(5) De esta forma, obreros, con vuestras socie– dades particulares, tal como se vienen estableciendo desde el Rey Salomón~ hasta nuestros días, así, ni en cincuenta siglos habrá carnbiado la posición material y moral de la clase obrera: seguirá siempre teniendo como· patrimonio la MISERIA, la IG– NORANCIA y la ESCLAVITUD, con la única variación y cam– bio del nombre que se dé a los esclavos. "¿Dónde está, pues,. el mal?. . . El mal está en esta organi– zación bastarda, mezquina, egoísta, absurda que divide a la cla– se obrera en multitud de pequeñas sociedades particulares, co– mo ocurrió en la Edad Media con los grandes imperios, que hoy vemos tan fuertes, tan ricos, tan poderosos, que estaban dividi-. dos en pequeñas provincias, en pequeños burgos, cada uno de los cuales gozaba de sus derechos y sus fra~quicias. ¡Ah! pero de qué derechos! Unas pequeñas provincias y pequeños burgos, en guerra continu·a unos contra otros (hoy en día la guerra es la concurrencia) eran pobres, débiles y por todo derecho tenían el de gemir bajo el peso de la miseria, de su aislamiento y de las horribles calamidades que eran el inevitable resultado de es– ta división... Pienso que este breve análisis será suficiente para aclarar a los obreros la verdadera causa de sus males: la divi- sión. · · "Obreros, tenéis que salir ló más pronto posible de este ca– mino de división y aislamiento en que estáis y avanzar valien– te Y fraternalmente en la única vía que os conviene, la unión. El proyecto de unión que he concebido tiene una amplia funda– mentación y su espíritu es capaz de satisfacer ,plenamente las exigencias morales y materiales de un gran pueblo. 117

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