futuro brillante y —según la historia anterior— estaban comprometidos con la verdad. Entonces, no es difícil sostener que la necesidad de heroicidad corresponde con la voluntad de sustento simbólico que los grupos socialmente excluidos y marginados necesitan para legitimarse socialmente. En medio de una cultura como la peruana, donde el racismo es estructural y la cultura del «ninguneo» es una práctica cotidiana, los potrillos aliancistas representaban la imagen nueva del mundo popular, aquella que en el momento crucial de la tragedia lo representa como honesto y virtuoso. El tercer grupo de historias tiene que ver con la representación de las tensiones raciales que estructuran a la sociedad peruana. El relato más conocido se refiere a los avatares de aquellos que sobrevivieron la caída del avión: el piloto Ediberto Villar y el goleador aliancista Alfredo Tomasini. Según un testimonio que la prensa recogió por aquellos días, ambos habrían sobrevivido al accidente, nadando por horas aferrados a restos del avión en espera que alguien los rescatase. Los relatos afirman que Tomasini luchó con mucho coraje por mantenerse a flote mientras le confesaba al piloto el enorme amor que sentía por su madre. El marino habría alentado esta conversación de manera que el jugador no desfalleciera por el agotamiento. Sin embargo, justo cuando un helicóptero de salvataje se preparaba para rescatarlo, Tomasini no pudo resistir más y se perdió en el mar de Ventanilla (La Crónica, 1987)190. Lo interesante aquí son las razones que en el mundo popular se invocan para explicar el destino de Tomasini. Lo primero que se menciona es que este no era un jugador nacido en «cuna aliancista» como el resto de los «potrillos». Es decir, no provenía de las divisiones menores del club, un factor crucial para el sentido comunitario y familiar de la identidad aliancista. Tomasini tenía un origen diferente: era blanco y pertenecía a una familia de clase alta. Esto significaba que era una persona fuerte, bien alimentada y que sabía nadar perfectamente. No obstante las diferencias, Tomasini se había declarado aliancista desde niño. Un trabajador del club cuenta que la madre del jugador apoyó a su hijo cuando este buscó jugar en el Alianza, y en poco tiempo logró integrarse muy bien en el equipo formado mayormente por jugadores negros, mulatos y mestizos de origen humilde. Su estilo de juego fuerte y potente se convirtió en el complemento ideal de la riqueza técnica de sus compañeros. Por ello, si bien Tomasini sobrevivió algunas horas, como aliancista no podía salvarse sino que debía compartir el mismo destino de 300
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