Escvela Normal de Preceptoras : primer cincventenario de su fundación, Lima MDCCLXXVI-MCMXXVI

lQs luces bienhechoras de la ciencia y de los más sanos principios de la moral Y de la virtud. Por e lo, ttldos los que sin prejuicios doctrinarlos, han apre– ciado esa obra, la h:m elogiado siempre y, muchas veces, e timulado genero– samente. El espíritu cult-ísimo y sclecLo de ese sembrador infatigable de ideas y reali?:ador de nobles acciones, que se llamó Javier Prado, considerando la obra -de la Escuela Normal como "labor trascendental a la que está directa– mente vinculwdo el porvenir de nuestro país", otorgó al Pr,emio de Honor ya establecido, la cantidad de 50 Lp. ; más tarde el Diredor General de Instruc– ción, Dr. Pérez Figuerola, fervoroso por la educación nacional y que con celo e interés sigue la marcha progresiva de la Escuela, crea el Premio de Pedagogía y casi al mismo tiempo el Representante de la República Chin:1 1 establece el de Vi,rtud. Los mandatarios, los altos funcionarios de Instruc– ción, la sociedad de Lima y el país en tero, reconocen y admiran la labor que realiza la Es,cuela Normal. ¿Pero quién es o quienes son las propulsoras do esa obra de vida·: P·esc a su modestia, cumpliendo un imperativo deber de justicia, no se pue– de pasar en silencio los nombres de sus dos últimas directoras: ayer la Ma– dre Echevmría de espíritu organizador y 1fccundo, hoy la Madre Dupless,is, la cinceladora de almas; y, n1 lado de ellas, secundándolas en todo momento, ese grupo selecto de maesLras nacionales y extranjeras, para quienes el ma– gister10, al que viven consagradas, es una verdadera vocación; esas maestras r.ultísimas y comprensivas, poseedoras de varias lenguas, que han viajado por diversos país·es estudiando en ellos los más modernos sistemas de en– señanza; esas maestras para quienes la palabra DAR tiene el más amplio y profundo sentido, pues todo lo dan con una genemsidad inmensa; esas ma– estras bajo cuya alba toca brillan los de·stellos de la inte1igencia ~, en cuyo pecho guardan el mejor tesoro de la mujer: la virtud; son ellas, todo cora– zón, las que dan a la E~cucla Normal, la vida fecunda y múltiple que páli– dament.o se ha delineado·. María Rosario Araoz, 25

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