Escvela Normal de Preceptoras : primer cincventenario de su fundación, Lima MDCCLXXVI-MCMXXVI
He aqui: en pocas palabras la grandiosa obra ,que este Instituto ll@va a cabo desde hace más de un siglo, sin eclipse ni desaliento. P&.ra que una Sociedad sea perfecta debe tener tres condiciones: io. que se halb extendida, 2o. que haya luchado y v~ncido y 3o. que tenga algunos miembc0s que la encumbren, ya sea por su virtud ya por su saber. Si examinamos la Sociedad del Sagrado Corazón, encontraremos en ella estos tres requisitos en grado ,eminente. Así vemos su difusión por todo el mundo. Vivía aún la Santa Fundadora y ya la celosísima Madre Du– ohesne vuela a los Estados Unidos y arroja allí la nueva simiente que, ca– yendo en tierra fértil, se propaga y multiplica con admirable rapi.dez, lle– gando a contar en el día de ho,y cerca de 40 ca,sas. A-dondequiera que volvamos los ojos, allí vemos -este benéfico Instituto; en Europa y Améri.ca es, por razón natural, mayor el número de sus esta– blecimientos; pero, en el ardor de su celo, las hijas de Santa Magda:lena So– fía, abandonando, no sólo su hogar sino además su patria, han arribado tam– bién a los remotos confines de Asia, Africa y Oceanía. Nu menos hermosamente cumple el Instituto ,el segundo requisito de su perfección. En ,sus comienzos tuvo que luchar contra todo cuanto le ro– c!eaba. Muchos fueron los vendabales que dispersaron a las religiosas de Francia, Italia, Suiza y Alemania. Pero-, respecto a la pérdida de tantas ca– sas, en aquellos países, puede afirmarse que fueron compensadas con ga– nancia:s pues no arrebató el huracán hojas muertas, sino viviente grano que se iha esparcido lejos en distancia y extensión; y que caído con frecuencia en buena tierra, promete dar el ciento por uno. En la terc,era prueba, es donde luce brillantes estrellas esta Sociedad bendita~ Cuenta con numerosos apóstoles que, desprendiéndose de todo, ,se elevan sobre cuanto de agradable les brinda la existencia, y sólo buscan, para ellas como para las almas que les sean confiadas, -el bien y la verdad. Tales, para no enumerar sino las que -han trillado el camino, Ja Rda. Madre Duchesne,-antes nombrada-a quien el gobierno de los Estados Unidos ha ctedicado una placa ,conmemorativa, considerándola -como bienhechora del país, por 'SUS trabajos en pró de la ,educación; y la R.da . Madre du Rousier, que trasplantó el Instituto a la América del · Sur, arrostrando peligros y 1, enciendo dificultades. La Sociedad cuenta también entre sus miembros cofl grandes tal.entos: la Rma. Madre Goetz que, r~on singular penetración, dió a los estudios orien– tación tan sólida, esta·bleciendo al mismo tiempo los cur-sos de formación pe– dagógicn, para las religiosas. La Rma. Madre Stuart de quien .el Cardenal Burne pudo decir a su muerte (1911) que "era el primer talento entre las grandes mujeres de su época." Muchos otros nombres podríamos citar, no sólo del pasado, sino también de las que, por vivir en la actualidad, nos imponen res-petuoso silencio. 11
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