intensivamente sus ecos contemporáneos con miras a redactar una tesis que me daría el doctorado en la Universidad de Oxford. Entre 1972 y 1974 prácticamente me mudé a la comunidad de Andamarca. Es cierto que no residí de manera continua durante este tiempo pero, al menos, lo hacía un semestre de cada año, pues el alterno lo debía dedicar a dictar clases en la Pontificia Universidad Católica. Sumando mis alternancias, puedo decir que pasé cerca de dos años en la zona, coronándose y se coronó así mi esfuerzo con la redacción de una tesis que titulé Locality, kinship and ceremonial. A study of the social organization of the comunidad de Andamarca, Ayacucho-Perú. Años más tarde, esta última serviría de base para mi libro Parentesco, reciprocidad y jerarquía en los Andes: Una aproximación a la organización social de la comunidad de Andamarca, Ayacucho-Perú (1992). Aunque durante esta estadía no pude encontrar ningún documento contemporáneo al cronista que me diera luces sobre su permanencia en esta zona, al menos pude confirmar que muchos detalles etnográficos que desliza a lo largo de su manuscrito guardan una correspondencia estrecha con lo que pude observar durante mi trabajo de campo. Más aún, logré percatarme que solo alguien con una íntima experiencia en esta región y, en general, de lo que es hoy el departamento de Ayacucho, podía haber escrito la Nueva Corónica. Por ejemplo, las labores de aquel ciclo anual de las últimas páginas de su manuscrito, se asemejan casi milimétricamente a lo que pude presenciar y participar como aprendiz de agricultor con mis amigos andamarquinos. Como puede apreciarse en las ilustraciones que adjunto, allí seguía en uso aquella vieja división del trabajo en la cual las mujeres se encargan de manipular las semillas y los varones los instrumentos de roturación. Más específicamente, alrededor de cuatrocientos años después volvían a repetirse en la siembra andamarquina del maíz aquellas escenas que aparecen en las páginas 1156 [1166] y 1162 [1172] de la Nueva Corónica donde, además de la mencionada división del trabajo, se muestra a unas mujeres blandiendo un instrumento agrícola en medio de un terreno dividido en cuadrículas (véanse figs. 15 a, b y c). Lo que se ve en aquellos dibujos guarda tal parecido con las acciones que actualmente se ejecutan en Andamarca al concluirse la siembra de un terreno destinado al cultivo del maíz que, incluso, estas últimas ayudan a 99
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