archivos y depósitos más olvidados y sepultados con que se a dado la luz posible a la verdad que se busca, y vida a la memoria que se iba a acabar... con que se ha seguido el último fin que se pretende en la historia, que es recreando enseñar a vivir a los que leen con el ejemplo de los que pasaron todo lo uno y lo otro (Murúa 1962, I: 19). La razón dada por el padre Murúa de haber «conferido» con «los testigos de entrambos tiempos» es, para Antonio Maravall, la actitud típica del Renacimiento en España y «fuera de España»; según él, la experiencia personal era la base para obtener un conocimiento verdadero sobre el mundo. Además, reconoce que esta actitud estaba presente en la Antigüedad y que durante el Renacimiento adquirió su máximo desarrollo (Maravall 1963: 110-131). Aunque, probablemente, los propósitos de Murúa no fueron mas allá de registrar pasivamente lo que le transmitían, dejando de lado, sin reconciliar, las versiones contradictorias; y, por otro lado, de explicar los acontecimientos aduciendo la intervención de Dios y del demonio, hay no obstante una preocupación por la verdad que es cercana a nuestra actitud moderna con respecto al pasado y que se liga con el proceso de secularización del pensamiento europeo del siglo XVI. La diferencia entre su quehacer histórico y el nuestro es que mientras él sigue oscilando entre el mito y la historia, entre utilizar el pasado para justificar el presente y buscar la objetividad de los datos, la historiografía contemporánea no busca fines utilitarios, sino tan solamente alcanzar la verdad. La «crónica» fue el género más típico de la historiografía española.3 Hundía sus raíces en las costumbres del Medioevo, especialmente en las canciones épicas que eran parte de las tradiciones orales. «En Europa — dice Porras— y particularmente en España, la crónica había surgido como una rama del árbol épico. La crónica castellana se nutrió de la vieja cepa popular de los Cantares de Gesta» (Porras 1962: 9). La crónica había sido siempre, aun en sus primeras formas, un testimonio de alabanza en el que eran exaltados los eventos y los hechos de la vida del Príncipe. Generalmente, la crónica fue escrita por mandato real y tenía un fuerte tono moralizante que proveyó un terreno fértil para la incorporación de las pautas de la historiografía clásica. La crónica de Alfonso el Sabio (siglo XIII), conocida como Primera Crónica General, fue el primer intento por 205
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