En busca del orden perdido

Estos se elexían de los mancos y dañados o quebrados los dientes porque ya no ualía ni consentía a que entrasen al sacrificio de sus dioses y uacas idolos y ancí fueron mandado a las prouincias. Y ci es menos de un ojo ya no le quiere uer el Ynga, que no sea de prouecho para seruir la magestad del Ynga ni para guerra y ací les ocupaua en este oficio. A los buenos y sanos les ocupaua en guerra y batalla y otros seruicios de bueno y de sano. Y estos dichos corregidor hazía buena justicia y no rrobaua ni tenía tratos y contratos ni ocupaua en texer y traxenear ni nadie se quexaua de ellos. Y ací hasta morir duraua su corregimiento, temía a Dios y a la justicia y castigos en todo el rreyno (Guaman Poma 2001: 347 [349]; véase fig. 29). Figura 29. Corregidor inca o tocricoc Los únicos puntos en común que tenían estos funcionarios con los corregidores coloniales era el de impartir justicia y tomar «cargos y residencia». Pero aun el actuar como michoc no era privativo de ellos, pues esta función también aparece asociada con otra etnia cuzqueña que era la de los quillis cachi. Según Guaman Poma «…A estos les llamauan yncap cimin oyaric [que oye los mandatos del Inka]…» (Guaman Poma 2001: 184 [186]) y tenían fama de llevar embustes (Guaman Poma 2001: 363 151

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