El Recreo

~-~ 14:___8= = = =:....=..:.=~======E =L=R=E =c-=R=E=o::-:-::::=-===== ==== =====~ vez, :i;nis hermanas y yo.-¿No es ve1·dad, Manuelita?-decian ellas, pensando en los doscientos soles que tenía en rni– cartera. Cier amente! Y llorando, á la vez que de pena, del gozo de r emediar aqu ella desgracia, torné mis diez billetes ele vein– t e soles y los puse en manos ele la Se- 11.ora, que me miraba, muda de sorpre– sa y de enternecimiento. Luego, auxilia– da por mis compaüeras, alquilé un bo– nito cuarto con venta,nas al campo y toclo amuebhtdo; compramos varias pro– visiones, trasladarnos á la enferma, y limitando h asb allí nuestro paseo, r e– gresamos muy contenkts, no sin visi– tar los bellos j ardines de Miraflores. --¡Ven á mis brazos noble criatura. -esclamé, llorando á mi vez, de en- t ernecimiento.-La santa obra con que ayer celebraste el d.ia de tu n atalicio habrá siclo glorifi cada por lós ángeles en cánticos celestiale3. Memento. Mucho es para l a humanidad, eter– namente afanosa en pos del placer' á 1 :fin de ocultar su hereditaria dolencia, mucho es consagrar al dolOl' nua de las trescienta,s ·sesenta y cinco j ornadas que el año encierra. Por ello necesa,– rio es t en erlo en cuentrt. Desde la víspera del día dedicado por la Iglesia á la conmemoracion de los muertos, largas caravanas de peregri– nos saliendo por la porta.da de Mara– villas, dirígens.e á es a blanca metrópo– li que yace bajo la fronda inmóvil de los cipreses . Llegan; la cercan, y espe– ran con palpitante impaciencia. Apenas la grande verja se abre, penetran en el fúnebre recinto y lo invaden en to– da su vasta ext ension, llevando los af– dientes rumores de la vida al h elado si– lencio de la mumte. Oyese por todas partes algo como el ruido de puertas que se abren. Diría– se e) matinal desp ertar de una ciudad ¿Qué es eso? Son los vivos que abren las puertas de los sepulcros; unos para r egarlos con sus lágrimas; otros para cambiar con frescas flores la triste yerba de] olvido. Alli van los bomberos, apuestos man– cebos, llevando con gracia su brillante uniforme, y anudado al brazo el eres– pon de duelo. Detiénense ante los mau– soleos de sus compañeros; órnanlos con guirnaldas de flores; y en sentidos dis– cursos ensalzan las virtudes de aq!}e– llos que en el cumplimiento del deber murieron. · Grupos de hermosas jóvenes en bus– ca de sus amigas muertas, recorren las líneas de epitafios, leyendo entre suspi– ros, sollozos y dolorosas exclamaciones ' j ¡Délia! ¡Emilia! ¡Rosa! ¡María! ¡Leonor! 1 ¡Clorinda!-- nombres armoniosos, i-a- 1 diantes ele poesía y de vida, que, sin enbargo ¡ay! no son ya sinó una j¡ memoria, un eco lejano de las belda– H des que los llvaron ~ . "Angeles que un mundo infortunado Por la iumortal morada abandonaron, Y su inocente lábio separaron Del cáliz de la vida acibarado.'' * * * Charla femenil Espiritual, picante, y con toda la sal de) Atica es la ele las lindas amigas que sentadas en coro al lado mio, plati– can sobr e las cosas mas halagúeilas de la vida, en tanto que yo escribo lúg u– bres frases. Sns _fr escas riP-as, sus gra– ciosos dichos, mezclados a,l sombrío cuadro que traza mi pluma, parécenme esos bhncos lirios que la primavera abre entre las grietas de los mármoles sepulcral0s. P ero asi como estos per– fuman el cementerio, aquellos derra– man su alegría donde, hace tanto tiem– po habita el dolor. l\'Ias, he aqui l a r eina de la elegan– cia, la bella **' que llegn, con un lindo vestido ele grns negrn, cuya la,rga co– la está adornada ele pequei'1os volantes orlados de raso granate que se pierden en las bandás ele l a misma t eln, y co– lor, colocar1as á cortos espacios, vc..l~– das con tul en el clcbntal. El plo c1el m ismo raso, cubierto de tul negro lle– va en su parte superior un rizado o.e tul bhmco que rodea el cudlo. La que con tanta·gracia lleva este e– legante vestirlo, está peinada ele cas– taúa y pequeü.os rizos sobre la frente, ocultos á medias c on una ec~arpa clwn– till'Í, cuyas l ar gas puntas flotan á la es– palda. La sombrilla, complemento de este gracioso ataYÍO es ele las mismas es– tofas y colores que e) _vestido; y su mango de ébano tiene incrustados ocho carbunclos. A l a aparicion de este tipo ele elegan– cia, las parlanchinas enmude~en un mo– mento para examinarla con curiosas miradas, y luego prorumpen en esclas maciones y preguntas sin fin -¡Qué bien se viste usted! -¡Con qué gracia! ¡-Con qué chie! -¿Por qué las modistas varían siem– pre para u sted la moda? -Será por que yo corrijo á las mo– distas y no las permito vestirme á su gusto sino al mio. Jnana JJJa,niLela Gorriti LA ESPOSA MODELO. - Hay varios pareceres Sobre si aman deveras las mujeres. Sin decidir cuestion tan importante, Vaya un ejemplo de mujer amante. Blas y Blasa vecinos de una villa, No sé si de Aragon ó de Castilla, Se amaban de manera Que era el encanto ,le la villa entera. En protestas de amor la vida pasan: Los padres ¿qué han de hacer? al fin los casan; Y marido y muj er ¡ prodigio estraño! Vivieron como novios casi un año. No era para durar f anta ventu ra: Coge Bias una fo erte cal2nt.ma , Cníc.lale su mujer á to da costa; Pero el mal se lo lleva por la poRüt; De modo que el doctor R1 cabo lanza La sentencia fatal ¡No hay espera,nzaJ ¡ Tremendu anuncio <]UP- en el alma hi ere ¡– A la consorte fitl! ¡Ay! que semnere! ¡Ay! grita, que me qnC:'do sin mA.riJ.o! ¿Para qué justo Di()s! b::Lré nftcido? Por qué en mí ln d1>lencrn no se ceba, Y en lugar de mi Bhs á mí se ll eva? Muert0! ven pre~mosa! Deja, al marido en paz, mnera la esposa! La muerte en e1 momento Se cne1a de r ornL,n al aposen to, Y dice: ¿Aj quién me llevo? ;,quién me llama? B1a~a responde con turbado acento: -Lléváte .... al in feliz que está en ' la camn.. Pura exageracion sin trí-tscendencia S'on J. ~l afocto los extremos locos : Eso_ ele cla r por otro la, e.x:istencia, Lo dicen muchos, 1Jero lo ha cen pocos . UNA VISITA. Un cfüt encon trábarrre yo, mas· qne nunca <1ominacln, por la 111 t.-dancolfa, h?tbi– tun,l de mi carácter, cuando vino la ! si rvien t.a á sacarme. de mis lúgubrPS medí tn,cionrs, anunciándome la visita del Sor. H. -Hny dia.s fata1e.R, esclamé, dias en que hasta á los necios se les ocurre vi– si tarn s, para. }meem os la víctima de sus confidencias, ó lo qne es lo rni.smo de sns necedades . Para explicar estf-l. exclnmacion adver– tiré, que t1 Sor H. me favorece con su confianza, y dice, que soy Ja ami– ga rnrrs íntima que tiene. -¡ Hasta ahí 1Jega mi desventum.! es– clamé para. mis adentros 1 el dia q ne me lo dij o. El sPñor H . es un jóven, [cuenta ' nms de cuarenta inviernos] que cree ser un buen mozo: jamas me ha pa– reci<lo á mí f.liq uiera un mozo bueno, és verdad, qn e soy como la generalidad de la.s mujeres, que no encuentran be– lleza en el hombre cu;-1ndo no tiene ta– lento ; así como la generalidad de los hombres, no encuentra talento en ]a mnjer, sino tiene belleza. Lo que bien pensado hal,la muy alto en favor de uno de los dos sexos. No seré yo la que me atreva á expresar en este sen– tido mi opinion; pues tal vez se me 1 tac?aría de_ que preten~o hacer la apo- 1 l?gia de m1 sexo. No es ese mi propó- t¡ sito; ademas, lo bueno no necesita a- · pol(i)gías, Lasta que se manifieste. f Mi amigo H. se cree un hombre de gran talento [no es el primer necio que padece de este error] y verdaderamen- , te, que si hubiera de juzgarlo, por el 1 desden con que habla de todos los hom- ~i– v.,~

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