El Perú ilustrado: semanario ilustrado para las familias familias

2 en la que se nota fácilmente la fisonomía del omnipresente cigarrero, suertero, asen- tista de la plaza de Acho y de los teatros de Lima, conserje de los ministerios, sa- eristan de los conventos y ve1:i.dedor de cachibaches tan conocido por todos con es- te simpático nombre! Y merece tambi én nuestra especial recomendación el tipo ca- prichoso con que, en el eo;;tilo de Sombras de Perigéo, se ensaya nuestro antiguo co- laborador, cuyo nombre conservamos in- eógnito hasta la fecha, por encargo especial que él nos ha hecho. * * * J!'ÁBRICA DE CIGARROS «LA HABANA» DE ANTONIO PouCHAN y e.a. Esta fábriaa de cigarros puros y de papel fué establecida en esta capital, á mediados del año 1869 por los señores Antonio Pouchan y Ca., cuando la in- dustria cigarr0m solo estaba reducida en el país á un corto número de trabajado- res que., en sus domicilios particulares y trás los mostradores de las pequeñas ci- garrerías, elavoraban el cigarro d8 papel conocido hasta hoy con el notnbre de c01·bu tón, el puro de á centavo y el de lujo llamado de Oartajena, en cuya fa- bricación entraba no en corta dócis, co- mo material, el engrudo de que para ello se servían. EL PERU ILUSTRADO. ttdvertir que, en la internacional de Chi- le, los señores Pouehan y Ca., no solo obtuvieron dos medallas en vista de la superioridad de los productos de su fábri- ca, sino que también se hicieron acreedo- res á otra medalla de prim~ra clase por la$ obras que de su imprenta expusieron, y en cuyo diploma la Dirección los honra debidamente. al mencionar sus trabajos cromotipográfico.s que por sa perfección los cree cromolitográficos. Al hablar de esta clase de trabajos es menester advertir que la imprenta esta- blecida por los señores Pouchan y Ua. en 1871, como una dep 2ndencia útil y ne- cesaria para su fábrica de cigarros, fué surtida también para atender, al servi-cio público de la tipografía, y que si ella nunca fué capáz para llevar á cabo la pt!.blicación de un perióico de mayores dimensiones, lo que siempre rehusaron por su especial condición de industriales y comerciantes, les ha proporcionaio la satisfacción de que, por la abundancia de sus variados tipos y la perfección de sus trabajos, se la haya considerado en el pais como una de las primera de su clase. La decencia. J. Mas los señores Pouchan y Ca., per- El otro día llegó á mi estudio un sujeto feccionando de nn modo positivamente de buena presencia, mejor vestido y exce- notable el ejercicio de esta industria na- lente verbosidad; me pidió una consulta; eional que tanto incremento ha tomado se la concedí; pasamos á hablar á solas, en el Perú, para dar ocupación á milla- y, después de referirme COR menudos por- . res de personas y el sustento necesario á menores la historia de un amor, concluyó innumerables familias, no solo tienen diciéndome, que la.parte contraria, esto es, derecho á llamarse sus legítimos funda- la madre de la niña, había interpuesto con- dores, sino que sus·redoblados esfuerzos tra él acción criminal por un delito de merecen muy especiales recomendacio- honE>stidad. Era la acción procedente, le re- nes. pliqué. En el colmo de la confusión me Despues de cuatro. años de tenaces lu- dijo: es posible que se siga semejante jui- chas sostenidas con un público que, no cio á un hombre decente! sin razón. desconfiaba dé todo lo que era -La posibilidad está probada con el producción nacio~al, los señores Pouchan hecho. y Cª. pudieron desde el año 1873 vE:r pros- -~s justo e~te procedimiento1 penmte su industria. Pero como el local -Creo que si. en que por entonces tenían estableeida su -Cómo hay abogados que se presten á fáhrica era insuficiente al desarrollo de st-guir semejantes juicios contra un hom- eJla., la trasladaron al que hoy ocupa en la bre decente! calle <lel Espíritu Santo, bajo el N. 172, -Y ¿por qué nó1 haciendo cuantiosos gastbs,* á fin de dar -Porque eso es manchar un nombre latitud á las crecientes exijencias del con- decente. s1lmo; y en pocos años más tuvieron lasa- -Eu cuanto á eso, debo decirle, que el .,ü;facción de ver su fübrica montada á la nombre está manchado con la acción de altura de las mejores de su género; siendo de U. y no con el juicfo, como que el jui- la primera en la América del Sur que, cio no podría existir, si la acción no lo hu- oon su gran motor á vapor ponía en mo· 1 biera engendrado. . vimiento diversidad d~ máquinas de cor- -Pero, entónces ¿qué hago1 cómo l'lho- tar papel, de despalillar el tabaco, de go ese juicio en su cuna? ¿hay un _medio pica~lo, de acerrar madera para las cajas legal? d~ cigarros puros, de clavar, de impri· -El medio que existe no es legal, sino mir, de empaquetar y de afilar herramien- racional. V aya. U. hacia la madre de su tas, y dando as~ ocupación cotidiana á victima: arrój ese á sus plantas, llore con m8s de cuatroc1~ntos trabajadores de verdadero arrepentimiento, suplique, inste ambos sexos, destmados ya al manejo de y lave, en fin, la mancha, restaura!.'ldo el estas máquinas ó á la elaboracion del cí- honor de la inocente con la bendición nup- . garrillo de papel y su prolijo encajetilla- cial. el~, á l.a labranz.~ del ~igarro puro y su -Ah! n.o es posible. mmuc10sa excoJ1da, as1 como al encajo- -Por qué( nado de los paquetes de pic~dura pren- -Porque no es una mujer de mi clase, sada, d~l rapé '1 otros trabaJOS anexos á es pobre, no es, en fin, decente. a.quella mdu~t.r1a. , . -Y ¿cómo la acercó U. tanto á sí, si- Lo~ trabaJOS de esta. f'.ibrica la consideró digna de U. p1·em1ados en las expos1c10nes ntretenimiento un devaneo de Chile, años de 1872 y 187~ ' o -Artículos son estos que pagan en aduana subidos derechos. -Pero ¿cómo podemos legalmente ma- tar la acción, cortar su progreso, impe- dir.... . -Tres remedic.s le da á U. la ley_:_ cárcel, dote y matrimonio; escoja U. -Si es así, escojo el suicidio. . . . voy á destaparme .... -Hombre! dije, cogíéndolo de la levi. ta-no se destape U.; cácese, que es un suicidio rnénos violento. -Imposible, soy de una familia decen- te, tengo un nombre decet1te, no debo manchar mi decencia. Y salió como un condenado, sin pagarme la consulta. Y yo me he quedado meditando lo qu~ es la decencia. El diccionario de la lengua dice: e< Decen- cia-El aseo, compostura y adorno corres" pondiente á rada persona ó cosa-Recato honestidad, modestia.-Y en Vflrda'.i qu~ mi hombre estaba aseado y adornado. Re- cato tiene; porque, quiere nada ménos, que su mala acción quede reservada, sin castigo ni compensación; ]o que sí le falta es ho- nestidad: el hecho de su consulta lo prueba ¿Será este hombre decente? El lo dice, y por decencia no ·quiere remediar el dañ9 por los medios legales. El juicio público, el pensamiento so- cial debe ser infalible en la apreciación de estas ideas. Lo buscaré para saber lo que .es la decencia. · . II Pensando, no sin pena. ~ue el hombN decente me había ocupado una hora y no me había pagado la consulta, salgo á la ealle, y en la esquina, presencio sin que- rer, una escena de pugilato: dos hombre11 blancos se mad_uraban á golpes. Un tercero se interpone diciendo: éstos asuntos no s~ arreglan de semejante manera entre perso- nas decentes; eso solo los negros; y deduje que los negros no son decentes, esto es, que no tienen el aseo ni adorno correspon- dientes á la persona. ¡ Adios diccionar10 ! El tercero e~ <:]iscordia agregó: la gente decente arregla estos asuntos en un duelo. Deducción: la gente de:cente debe matarse con armas y no con los brazos; luego lo$ asesinos son decentes, los que derraman sangre con armas son decentes. Los gladiadores se retiraron convenci- dos de que eran decentes y, que debían matarse con revolver, ó espadas ó cuchi- llos, per<r no con las manos. Mas allá, por un verdadero milagro de Santa Rita, la policía había sorprendido ~ un hombre blanco, en el momento en que se llevaba el reloj de otro, extrayéndolo sutilmente del respeetivo bolsillo. La multitud curiosa se arremolinó al rededor, y varias veces dijeron: que no se lo lleven, ya entregó el reloj, es un jóven decente; de donde deduje, que los ladrones son decentes. Siguiendo otra dirección, me doy con una muger de buen aspecto que vomitaba por esa boca, que antes era coral y perlas, unas culebras y unos zapos que espeluznarían á un marinero. El guardia quiso condu- cirla á sombreado lugar; p0rque, á más de las lindezas que decía, no se podía tener en ia vertical. Inútil fué el buen deseo del guardia: hubo gente que se opuso á la de- tención, por cuanto era una muger decen-

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