El Perú ilustrado: semanario ilustrado para las familias familias
América y España. América necesitaría perder la memoria y el habla para perder el recuerdo de nuestr'o nombre. Todo está en ella li- gado con nosotros. Si quiere elevarse á los orígenes de su cultura presente y de la civi- lización cristiana, tiene que tropezar con aquel humilde convento de franciscanos, á cuya puerta pedía limosna un hombre que comenzaba á en- trar en la edad madura, y que sin embargo tenía la cabeza cana, la cara arrugada Pir los profundos surcos del pensa- miento y por los sacudimien- tos de la inspiración; astróno- mo; poeta, guerrero, orador y navegante como los hombres- siglos de aquellas feroces eda- des; desconocido en Italia, des- conocido en Inglaterra, desco- nocido en Portugal, y solo adi- vinado por la audúcia en Es- paña. No hay allí, de extremo á extremo de América, un ob- jeto que no lleve marcado el sello de nuestro pensamiento. Las encendidas nubes del trópico g\,lardan aún la escu- driñadora y ardiente mirada de Pinzón; las islas de las An- tillas han sido vistas, por la vez primera, desde el mar con los ojosi de un Rodrigo de Tri.a- na; por las campiñas de la Florida anda errante aún la sombra magestuosa de Ponce de León, que ha pasado en t álas de su fé detide las vegas de Granada á las vegas del Nuevo Mundo; la tierra del Yucatán ha sido adivinada por un :Fernández de Córdova, y po1' un Grijalva descubierto e~ inmenso imperio mejicano; la primera vista del Golfo, que es por excelencia el seno co- mercial del jóven continente, se debe á un Garay, la aparición de la Carolina Meridional, á un Velázquez; ese gran rio, esa arteria de los Estados Unidos que sobrelleva en suti espaldas los productos del trabajo humano, el Mississi- pí, yacería aún ignorado si un Soto no lo descubre con fatigas increíbles, no lo atra- viesa co1:1 dolorEs y martirios sin cuento, pr?nuncrn.ndo en sus selvas, al querer las tribus salvajes tomarle por un Dios so- bre •la , tierra, el nombre sublime del Dios de los cielos; como el estrecho de Magallanes y el mar Pacífico han ~ido surcados la vez primera por la nave 1la- mac1a «Santa VictoriaJ), cubierta con la ba:ndera ele España, que por doquier, lo mismo en las costas que en las selvas, lo mismo en los· campos que en los mon- tüs, lo mismo en los arenales del mar que en las estrellas del ciclo, se refleja este santo nombre; y España dicen los volcanes, y los ventisqueros, y los alu- des de los Andes; Españ~ .. las ondas del Plata y las ondas del Amazonn.s; Espa- ña los desiertos de la Tierra Caliente y las pintad8:s selvas del Paraguay, por- que el gémo de España, extendiéndose EL PERU ILUSTRADO. " .. - ' ~~ ~· ~ ,.~ .. J 'il;\¡· 9 miembros de la humildad en la futura historia. EMILIO CASTELAR. Barómetro económico seguro. Tómese medio gramo de al- can~o1:, medio de sal de nitro y medio de sal amoniaco. Disuélvanse separadamentG en aguardiente puro dichas tres sustancias. Para el alcanfor se hace es- caldar lijeramente al aguar- diente metiendo en agua calien- te la vasija ·que lo contenga. Echense las tres soluciones en un frasco largo y estrecho, co- rno los que sll:ven para Agua de Colonia; tápese bien con un corcho y lacre, y cuelguese de cara al Norte. • Si el líquido se mantiene claro y limpio, buen tiempo. Si se enturbia, lluvia. Si se cuaja en el fondo, hie- lo. Si hay motitas que corren por el liquido, tempestad. Si las motitas son ya grue- sos copos, lluvia de nieve. Si en lugar de estrellitas ó copos, aparecen filamentos en la parte superior, viento. Los simples puntitos seña- lan tiempo húmedo y variable. La mayor estátua. Hasta hace poco, se creía que la colosal estátua de Bar- thold, la "Libertad iluminan- do al mundo", recientemente inaugurada á la entrada del puerto de Nueva York, era la mayor que se conocía; pero ahora resulta que existe otra Santa Rosa mayor aún. allí como las alas del ágllila sobre su 1 Un conocido inglés, que se dedica ÍL nido, empolló con el calor de su vida las , viajar, Mr. William Simpson, afirma que Naciones del Nuevo Mundo. tiene mnyor altura, uua estátna de un Y sino puede nuestro nombre borrar- antiguo emir del Afghanistan. Una co- se de sus tierras en lo que ú. la América mision inglesa, 11 demarcar los límites do española se refiere, no pueden, no, salir la frontera. afghno-rusa, obs2rvó esta es- nuestro Dios y nuestra religión de sus tú.tua gigantesca y tavo ocasión de me- templos, nuestras leyes y nuestras ins- dirla. Tiene 6~ metros ele alto, esto es, · tituciones de sus códigos, nuestras cos- casi 25 metros más que la ele Nueva York. tumbres y nuestras prácticas de sus ho- ~---- gares, nuestra historia de su. vida pasa- da, nuestra sangre de sus venas, nues- tros apellidos de sus gen:alogías, nues- tra lengua de su pensamiento. Y al vresentarnos en su propio continente con los próvidos instrumentos de la paz, con la.s obras luminosas del trabajo, les demostrarémos que todo ensueño de re- conquista so ha desvanecido, que toda :i:eacción hácia las antiguas dominacio- 11\;S se ha borrado, que somos como ella, un~ democracia pacífica, y que conser- van'.do la diferencia y la división de es- tad~, debemos unirnos moral y econó- micamente en la industria., en el arte, en la c~encia, para sostener el nombre de nuest:a raza en la tierra, y :!!Br dignos El amor y la guerra. (REFLEXIONES DE UN ALFEREZ.) Mientras haya alféreces, existirá. amor para las mnjeres y para la guerrn.. Amor, es un artículo de las urdenanzn,s del Alférez. Y como la 1·eputacion de su espiritu y !tanor le obligan á ir mús alL't de lo pre- ciso de su deber, el corazón tle un alforel'í es como una plaza que nunca se rindo por completo. Siempre qneda algo q UB tomar á la mujer qne llega de refresco. • ELAYO ÜARRION
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