El Perú ilustrado: semanario ilustrado para las familias familias
6 El Busto de Yeso. En mi vida he pasado un trance más amargo que el que experimenté en el Ja. boratorio de un profesor de frenología, que se empeñó en sacar mi busto en yeso. Esto dice un hombre eminente que ca.. lla su nombre por modestia; y añade: A la hora convenida me presenté en el laboratorio dónde debía esperarme el pro· fesor, que me había ofrecido hacer por sí mismo la operación. Pero trascurrió más de una hora y él no l1egaba, mientras dos muchachos aprendices se ocupaban en pre- parar y revolver la composicion de yeso que iba á usarse. Viéndo éstos que el pro- fesor no llegaba decidieron hacer ellos mis- mos la operaci6n; yo acepté y me hiciéron desnudar de medio cuerpo á la cabeza, em- pezando por adherirme al rededor del cue· llo, el pecho y la espalda un lienz(I fino, untándome de grasa todo el cútis del ros- tro y la cabeza para que el emplasto de yeso no se pegase al cútis y al pelo. Luego me metieron en la boca, nariz y los oídos borujones de papel, diciéndome que cerrara los ojos. Apénas lo hice, mis atormentadores empezaron á echarme el atole de la composición de yeso por la ca- beza. Mientras uno hacía esta operación el otro prensaba la composición contra mi cara y cabeza, á fin de llenar los huecos y amoldarla sobre las partes salientes. En pocos minutos me cubrieron el rostro y la cabeza con una máscara de yeso tan dura como el hierro. El calor que sentía era insufrible. No podía mover la cabeza con el peso y la dureza de la pasta que se for. maba; los ojos parecía que me los prensa- ban contra los St:sos, y no siendo suficien· te los borujones de papel, empecé á sentir síntoma de sofocación. No podía hablar y creí que me moría en aquel momento. Pero mis tormentos solamente habían empezado. Los aprendices no habían co- locado bien el cartón del centro, ó hendi- dura, y cuando decidieron, sin piedad, li- brarm~ de aquella agonía, descubrieron que la pasta no se desprendía como era nec<:>sario para que las dos mitades del bus- to salieran. bien y no hubiese dificultad al unirlas para tomar el molde perfecto. El trabajo lo echaron á perder, porque se había mezclado la comp<i 1ición de yeso con la grasa, y estaba adherida al papel, formando una corteza dura y sólida que era preciso romper de cualquier modo y cuanto ántes. Entónces, sin encomendar- se á Dios ni al Diablo echaron mano al cincel y a.l mallete y empezaron á romper la máscara de yeso que me cubría toda la cabeza hasta el cuello, y sin misericordia descargaban golpe sobre golpe: producién- dome tal efecto como si estuviesen tala- dráudome el cráneo. Por último, me descubrieron la cara y pude respirar libremente, haciéndo algu- nas reconvenc:iones á los muchachos por su descuido; quiénes notaron entónces que habían olvidado untarme grasa en las ore- jas, y la composición de yeso se había ad- herido de ta! modo al cútis que parecía pegada con cola. Para quitármela estU\ e á punto de que me arrancaran las orejas, dando gracias á Dios de haber escapado con ellas en su lugar, aunque despedaza- das y cho!TeaHdo sangre; ta.rdando 'Jos se. EL PERU ILUSTRADO. manas en curarme, con Ja asistencia de un médic9 y medicinas ~e la botica. Pero hasta hoy no he podido curarme de olvi- dar los tormentos y agonía que sufrí en aquel momento tan terrible de mi vida; renunciando para siempre á condescender otra vez á que me sacasen el busto de ye- so, ni de ninguna manerll. Ahora, si usted quiere lector que le ha. gamos un busto perfecto, puede usted ocu· parnos con .franqueza, que somos artistas en la materia. P. B. Y C. -+--- El idioma inglés. Según los cálculos de un estadista, den- dentro de un siglo habrá en el mundo 10,000.000,000 de personas que hablen inglés, 200,000,000 que hablen el alemán y 75,000,000 que hablen francés; de los demás no se ocupa. Estos cálculos se fun- dan en la hipótesis de que la población inglesa se dobla cada cincuenta años en la Gran Bretaña y cada veinticinco en los Estados Unidos, Canadá y Australia; en Alemania solo duplica la población cada ciento cinco años y en Francia cada cien• to cuarenta. El abanico. ¿Qué es el abanico? Es una prenda hechicera, verdadero atributo de la muger, con el cual provo.. ca, sonríe, se esconde, acecha, y sin el que no hay ademán gracioso posible, en la conversación. Quitad á una muger el abanico y le habréis quitado la mitad de su donaire. ¿Qué hará de sus manos? Si son be11<1s, parece que las muestra con afectación; si son feas, oh!!! Devolvedle ese cetro de su soberanía, y la de bella mano la ostentará con doble encanto; y la de mano fea la hará olvidar con los mágicos voltegeos de su abanico, JUANA M. GORRITI. Eternidad del amor. (DE EVARISTO PARNY.) Cuando la noche tienda su velo de ne- gro crespón sobre nuestras moradas, y el martillo golpeando sobre el sonoro bron- ce anuncie las doce, siguiendo el fiel pa- so del Amor, los Placeres en ajitado cm- jambre volarán á la alcoba de mi amada, y las Voluptuosidades alternándose con ellos entretendrán á la reina de aquel san- tuario, hasta que venga el dia. Ah! si la bella Aurora olvidase de abrir al Sol las puertas de oro del cielo, la tar- de aun sorprendería á esos génios de la Citerea revoloteando en la perfumada at- mósfera del aposento. MANUE(F. HORTA. El amor de las morenas. ¿No habéis amado nunca á una more- na? ¿No habéis probado la miel y el néc- tar de sus incitantes y bermejos lábios? ¿No habéis gozado sus arrobadoras cari- cias? ¿No os habéis mirado en sus ojos negros, grandes, ardientes, rasgados, vo- luptuosos y arrobadores? Pues ignorais lo que es la vida; el cielo del a¡nor, el pa- raiso de la ternura, el gérrnen del más ha- lagueño sentimiento y la apoteosis del de- leite, de la contemplación, del mútuo abandono y de tbdos los más puros, be- llos y arrobadores transportes de la tierra. FRANCISCO GRASS y ELIAS. En unos exámenes de historia. El catedrático.-¿Podrá Ud. decirme algo de la vida de Cario Magno? El alumno.-Nó, señor: jamás me gus- tó meterme en vidas agenas. __ _._ En un album. Las ilusiones corno las flores nacen y mueren en el espacio de una mañana; pe- ro como las flores tarnbien, se renuevan sin descanso durante la primavera de la vida. Mientras Ud. la atraviese, adorable y bella amiga mia, surjirán de su almoha- da, para poblar su süeño de visiones de oro, en forma de nubecillas diáfanas y li- jeras, que se desvanecen á la luz del alba sin que sea dable detenerlas, como no se detiene un perfume que se evapora ni el aire que vuela. Bien asi cual converjen en el mismo punto los rayos de luz . que quiebra y di- vide hasta lo infinito el cristal, todas ellas son la espresión de un mismo deseo vago, inquieto, inespresable, que si no es amor, le precede de muy cerca. ¡Qué el viento, helado del desengaño no empuje jamás la cadena de sus ilusiones de alas azules, y que ésta llegue hasta el eslabón final sin tropiezo alguno, deslizándose suavemente, como una gaviota sobre la haz de un lago! RuY BLAs. La Vida. El pasado no existe; hall a en la idea. memoria, semejanza: No existe el porvenir, todo lo crea la mágica esperanza .... El presente, es verdad; mas es el dia que alumbra la agonía ¿Qué es entónces la vida codiciada? -U na memoria ...una esperauza ... nada! JORGE M. AMÉZAGA. Lo que es una nube. Ya en particulas de agua me resuelvo, Ya empaño de algun ojo la tersura, Ya las andas inundo de mistura, Ya el blanco cuello de una hermosa envuelvo. Cuando su agua á la tierra le devuelvo, Soy veraniega nube que no dura; Cuando á un ojo le robo su luz pura, Soy feo nubarrón, pues lo revuelvo. Soy nube artificial ó falsa nube, Cuando mezclo mis flores y su aroma Con el incienso que de abajo sube; Pero, al rodear un cuello de paloma, Gloriosa nube soy, porque un q11erube Entre mis pliegues su cabeza asoma. JUAN DE ARONA.
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