El Perú ilustrado: semanario ilustrado para las familias familias
12 manantial de sus reflexiones, se pusiera á recorrer sus ideas ya pasadas; escurrió~ele entre ceja y ceja una tan peregrina, como ir- realizable. Propúsose, nada ménos, que recorrer el mundo hasta darse un nnrizaso en cada polo, para ver si entre las distintas razas que pueblan esta astilla sideral, en- contraba un hombre que reunina cualidades, sin ofrecer defectos. No recordaba que. Diógenes, 8ig1os ántcs, bu3caba un hombre \' no lo encontró sü10 á medias, [t pcsnr de su linterna. 'l'omada, pues, su resolución, 1 ió sus petates y p{1sose en camino. Y a por mar, por tierra, á cabaJlo, en ferro-carril, en vel@cípedo ó á pié, vió paí- ses mil, visitó numerosos pueblos, trató á millares de homhres; pero sin éxito .... El hombre era el mismo en todas partes, Yistiera el lujoso atavío del oriental, el desairado hábito del europeo ó luciera por eomplcto su desnudez; solo variaba de as- pecto. Idénticas sandeces oyó en el subli- me idioma del Tasso, que en cualesquiera <le los 40,000 informes dialectos de la China. El mundo, principiando por él mismo, que persogní.a un imposiule, se le figuraba una inmensa casa ele locos: quién se paga- 11<l del lustre de su orígen que descendía en línea recta de Conra.d0-Cabeza-de-Buey; el otro, era un financista de tomo y lomo; es0, un filósofo calvo, cojo y tuerto á fuer- za de raciocinar; éste, un arqueólogo inco- mcnsurable que prestó á la humanidad y á la ciencia el inmenso servicio de descu- brir la taza en que Sócrates bebió la cicu- ta; aquel, un político mús enredista que l\foternich; el ele m{ s acá, un literato tan ca1npanudo y castizo que podín tenérselas tiezas con toda la Academia reunida .... ¿ú. <1né cansarnos? Vanos, pequeños, hin- chados de vanidad, vendiendo ciencia ó virtudes que no poseían y á veces afectan- do ignorancia que no era la suya; ninguno se resignaki ú. ser y parecer lo que real- mente era. Nuestro rico filósofo ó filósofo rico, Cu- vier ó Linneo de nuevo género, se deses- peraba, se confundía; la requeñez de la humana. ralea, ú la que antes se gloriaba <le pertenecer, le anonadaua y harto de descepciones, lleno de desengaños, resol- Yió Yolver á sus lares y resignarse á vivir y comer en santa paz y gracia de Dios, hasta que Je llegase el rn()mcnto de em- prender el ültirno viaje, después del cual se prometín seguir en el otro las infruc- tuosas itwestigaciones que había hecho en este pícaro rn tmdo. No buscó más. lfogresó por donde habfa ido. La mimda mústia, lu. cabeza baja, los hrazos caídos, sin ver, oír, ni pensar; an~ daba sin darse cuenta de ello. Mares, montes, ríos, ciudades, puentes, les, cerros todo lo pasó, sin apercibirse sin darse cuent:i ni detener su en nada. · ) autómata que obedecía á extra· EL PERU ILUS,.fRADO. Cocheros de Lima en días de funerales. bosque, un individuo que hacía opuesto camino que el suyo, tropezó con él, pro- curándole no despreciable porrazo. Imprescindiblemente tuvo que fijar su mirada en el que tan bruscamente se le anunciara. Al conte&tar sus excusas, siéntese presa de extraña conmoción. Sus ojos quieren salirse de sus órbitas y ·su corazón redobla sus latidos, como el de nóvia próxima á realizar sus ensueños ... Podía gritar ¡Eureka! .... ¡Había en- contrado á su hombre! y con igual alegría que la que experimentó Colón, cuando del puente de su caravela, divisó la ansiada tierra, así nuestro filósofo contemplaba á su hombre. Ya no le importaba pizca ni· ñizca el tiempo y pezetas gastados: bendecía sus afanes, se felicitaba de sus aflicciones. Trabó conversación con el desconocido, siguió con él camino del lugar en que vi- vía, se estableció ahí, se hiz,) amigo de aquel prodijio humano, le inspiró confian- za, le trató en todas <>c:asiones y á todas horas; trist0, akgl'(', presa en fin de las mil sensacioues de que es capaz nuestro espíritu y ¡Oh suerte! igual resultado. ¡El hombre era hombre!!! Después de algún tiempo y conceptuan- do suficientes las rigurosas pruebas á que había sujetado al homb1·e-rnodelo, resolvió hacerle una brillante manifestación que hiciera eco, en los anales del mundo, que llegase á los siglos futuros. Preparó expléndido festín; Lúculo y He- liogábalo se hubieran quedado cortos. Por muchos días las imprentas todas de la fe- liz ciudad que había prouucido e~a bella y única especie de bípedo, solo se ocuparon de imprimir programas, convites y menús para el gran banquete. Los poetas mele- nudos y no melenudos, compusieron con tijeras y plumas renclechas, trovas y ma- drigale~; odas, sonetos y cantinelas. Por fin 1 llegó el día de la gran fiesta. Apenas la pálida Aurora hubo apartado lo s últimos pliegues del negro manto de su herma.na la Noche, cuando los invita- do s, á ca,bal lo y á pié, en coche y en glo- bo, pus1éronse en camino hácia la extensa y mullida pradera en que se había dis- puesto el festín. Todos ya reunidos, dirijióse nuestro fi- lósofo en Lusca del proclijioso mortal. Prccedínnlc nubes de músiws que ale- graban el aire con entu~ia.stas min;íes y II. <"nloqueccdoras rcdowas. que más.triste y abatido que 1 Llegan á la morad~ del hombre, encuén- zaba el pequeño claro de un tranlo a<.;aLundo su toilette. Apúranlo, afanaseel hombrc- modelo por terminar, sale apre- suradamente, pero al franquear el dintel de la puerta un maliO'- no clavo, puesto ahí por Sataná~, sin <luda, retiénele y rázgalc el pantalón, de~ando en descubierto una pantorrilla digna de otro lu- gar. Nucstro filósofo, quc á pesar .• de su ciencia, quién sabe si peca- / ba por aquello, no pudo dejar · de alabar tan conspícua muestra. Oyclo el prodijio y volvién- dose lentamente á su interlocu- tor, deja caer una tras otra., con argentina cadencia, estas pala- bras: -No debéis admiraros. En ciertas fa. milias, hay á veces particularitlades, ya morales, ya físicas: la mía ha brillado siempre por bs buenas piernas. Las de mi padre eran soberbias, las de mi abuelo mejores aún y en cuanto á toda mi paren- tela femenina, iqué quereis que os <liga?.... Mi<'.mtras así' hablaba, nuestro filósofo había apartado el brflzo de su kombre- que iba á cnlazar'se con el suyo-los ojos inmensamente abiertos, las facciones con- traídas, los puños crispados: era presa de horrenda sensación; el asombro, la deses- peración, la. rábia .... mil encontrados sen- timientos lo agitaban. Por último, loco, fuera de sí, perdido, lanza lejos de sí cuan- to obstáculo se le presenta, echa á, correr y con terrible acento, grita: ¡MrsERABLES HOMBRES, NO HAY UNO SOLO QUE NO TEN~ SUS PANTOltRILLAS! ! .••• El festín no se realizó, el hombre, si- guió siendo lo mismo que somos todos y alguno que oyó la última exclamación del filósofo, la recojió é hizo llegar hasta nos- otros como una prueba de la exhuberan- te flaqueza humana y en verdad lector i Quíén no tiene sus pantorrillas? . ... ZENON RAM:IREZ. A nuestros lectores tlel interior de la Republica. ~uplicamos nos manden vistas fotográficas y dibujos de HU localidad que puedan ser de interés '.general. Por los que a.o~ptemoe y publiquemos pagarémos un bmm precio. Suplicamos á. nuestros abonados, se dignen indie~ nos las fa.Itas que tnvieren los repartidores en l~ d111- tribnción de esta semanario, para enmendarla• mme- dlatamente. Toda comunicación referente á este semanario del>~ diriidrse á los Editores Propietn.rios, Peter Hacigalup1 y Ca., Espaderos 237 ó C"s1ll.a. N; 173 del Correo. Lo& Edieores. Agentes de este semanario. Gmo. Widlund-Callao. Florentino Beraun-Tarma.. Dr. Francisco Javier Delgado-Arequipa. Cazorla Hermanos-Mollendo. A.M. Hahn y C.ª-Trujillit. Rosenthal & Staudt-Chnla. Angel Bonaspetti-Cajamarca. Lizardo Cazarla-Puno.• Ernsmo Forzano-Cerro de Paseo. Julius Schultze-Chicla. A. T. White-Chimbote. Simón P. Dunstan-Huacho. N icanor Gonzalez-Cuzco. José M. Málaga-Jauja. Eduardo Ramirez Francia-Pisco. B· ventura Beas-Ica ..>yro Hennanos-IIua~z. _,.: TA DACIGALUl'I. ESPA_D..1,.")E_R_o_s_2_3_7___ I J
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