El Perú ilustrado: semanario ilustrado para las familias familias

8 En el mar~ ¡Ya estoy en tí! La vaporosa niebla que en torno se alza mi pulmón aspira, y al compás de tus olas resonantes vibra mi canto en la extensión vacía. Tu me lo inspiras, cadencioso y fáciJ, porqué tu voz mi corazón reanima, porque á lo bell~, incógnito y sublime, se mezcla siempre el alma del Artista . . . Sereno estás ¡oh mar! En occidente el astro-rey al ocultarse aún brilla, y cómo efecto de postrer mirada su luz refleja en las cercanas islas. Hácia á la playa, en sucesión perpétua, ván á morir tus hondas fugitivas: !unas tras otras y como ellas rápidas murieron ¡ay! las ilusiones mías! ... Por el confin del horizonte, aislada del pobre pescador vá la barquilla, y de mí cerca, en perezoso vuelo, pasan gaviotas de tu azúl teñidas. Mi barca, en tanto, con certero rumbo sobre tus aguas resoalar se mira, franjas dejando de flotante espuma que con las blancas nubes armomzan .. . ¡Cómo en tus horas de reposo y calma á meditar mi espíritu convidas, y á que yislumbre tras su qsc~ra cárcel otra reg1ón en grata perspectiva! Otra región de indestructible goce y á la miseria terrenal distinta ... ay! queenelmundo,en emboscadaeterna como en tu seno, la borrasca habita!. .. Tu me conmueves y arrebatas siempre; pero nunca más grande me cautivas que cuando en fiera tempestad azotas el flanco débil de la barca mía. ¡Gozo tal vez al contemplarte airado porque la antorcha de mi fé se aviva, y al fulgurar su luz resplandeciente el infinito se abre ante mi vista! Grande,comoes, el pensamiento humano me representas cuando así te agitas: ¡y las dotes de mi alma me revelas! ¡y la mano de Dios me Ji tentizas! Oh! si yo entónces sorprender pudiera lo que me ocultas en tu negra sima, oh! y en tu augusta inmensidad flotante beb~r la inspiración, la poesía!. •. Más ya, al inflar las lonas de mi barca la de la tarde juguetona brisa, mi rostro baña en húmedo rocio .... es que la oscura noche se apróxima. Sin estudiar en tí q'1e indiferentes otros te surquen con endeble quilla: para mi tienes atracción y encant9, ¡piérdasne en tí los écos de mi lira! Y cuando deje por seguro puerto, EL PERU ILUSTRADO. ¡Ven, ven! POERIA DEDICADA A TEOBALDO E. CORPANCHO Ven! que en tu cuello puro y nacaraclo Collar de perla!:> en v11I ver ahora Quiero mi bien, de perlas que ha llorado Con tirnidéz la sonrosada aurora ........ . Ven, niña, ven! que yo té envolvería Con traspanmte y espumoso tul , Que en tu hombro se estremezca de alegna Formado de un jirón del cielo azul.. .... Amada, no demores, que en tu falda Quiero sentarme y coronar tu fre11te Con la opalina, fúljida guirnalda Tejida de las nubes ()el Orieute ..... Ah! ven! mi Hada mágica: tus huellas Grabas en mi alma tú ... ¡Deja tu encon()! Voy á juntar del eielo las estrellas Para eo11 ellas erijirte un trono! ... «Mas que eterno es mi amor, tierno y sensible» Iba mi lúbio férvidu á deeil'; Pero . .. ¡no! Tu eres pal'a mí imposible! ¡Déjame sólo en mi dolor morir! J OAQU1N LEMOINE. La fuente. llay un valle primol'OSO <lonJe brilla etel'llo sol, y en el valle hay una fuente con el néctar del amo1·. En la rnta hác~ia el sepuluro es tal valle una estaeión; todos beben de la fuente con afán embriagador. De las aguas de la fue11te el efecto es muy velóz; se enrojece la mejilla dobla el ojo su fulgor. Más, no tcido el que las bebe goza idéntica fruieión: unos sie11ten eu s11 pc("ho dulces dichas, y otn1s nó. ¡Ah! tú niña, tú bebiste y es eterno tu dolor; ¡así sufre el que ha bebiJo con un falso corazón. VICTOR G. MANTILLA. A bordo. Dos veces, mar, en rápida carrera, Tu soledad crucé triste y profunda; Mísero y desterrado la primera, Potente la segunda. Ola que á una borrasca precedía, Entonces al abismo me empujaba; Hoy la fortuna, de señora mía, Se convirtió en esclava. el mas hondo que tú, mar de la vida, ¡que hasta mi llegue tu rumor sonoro! ¡y que me arrulles en la tumba fria! Y con todo, mi Dios, si en lo que obraste Tu infinito saber encuentra el yerro, Dáme la juventud que me quitaste . Y vuélveme al destierro . . c. E. SILES. "MANUEL DEL PALACIO. ' Tu mayor tesoro. Nada pudieran tus divinos ojos ni el magnético ardor de tu mirnda; ¡nada! nada el suspiro de tus labios rojos, si, al entreabrirse cual la flor galana de ]a mañana. no vertie~en raudales ele ternura con acento de célica dulzura! Nada pn<Jiera tu marmórea frente ni la pulcra mejilla somosada, ¡nada! nada el tal.le mPeido blandamente á compás de tu andar tan \·oluptuoso y misterioso, si Dios no hubies3 puesto en tu garganta la dulce voz que el cornzón me encanta! Y nada, en fin, pudiera tu bellf>za, en vidrn de la rosa avergonzada, ¡nada! sin f>l suave perfume de pureza que, ajeno al mundanal faláz rPsahio. tu casto labio. vierte en mi c0razón, que en santo anhelo en pos del tuyo, se levanta al Cielo! JULIO S. HERNANDEZ. Desde el cielo~ ¡Madre de mi corazón! Enjuga tu acerbo llanto; Da treguas á tu quebranto; ¡Interrumpe tu oración! ¿Quieres saber por que lloras Con penas y cuitas graves? ¡Porque mis dichas no sabes; Porque mi destino ignoras! ¿Quieres que tu ansiedad Te explique la lucha impía? ¡Porque no ves, madre mia, Toda mi felicidad! Del cielo en los resplandores Mi azul pupila se llena, Y aquí no tengo más pena Que pensar en tus dolores. Sumida en honda afliccción, Y enferma, y acongojada, ¡Tú sí que eres desgraciada, Madre de mi corazón! Yo para ti soy amigo, Soy espíritu, soy luz; Te ayudo á llevar la crnz Porque estoy siempre contigo. Sueñas con que no me ves, 1 Y del sueño en los antojos, En cuanto cierras los ojos Estoy velando á tus piés. Mi imagen siempre te guarda Tras de tu lecho escondida, Y si te quedas dormida, Soy el ángel de tu guarda. Mis herman0s no me ven; Pero en un rayo de l!-ma, Por las noche:;; ~-:! su cuna Bajo á besarlos tam.._ · 'n · ¡Y cuando L ierta el dia Tt- llevan ellos á l El beso que yo le. Por Ja noche, mad

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