El Perú ilustrado: semanario ilustrado para las familias familias
8 Nosotros agradecemos al señor Lemoi- ne el obsequio que nos ha hecho de un ejemplar de su precioso libro, que en nuestra humilde opinión, si añade un lau · rel más á la brillante corona de nues- tra dignisima colaboradora; agrega tambien nuevo timbre á la muy justa reputación de que goza el señor Le- moine entre los literatos latino-ameri- canos. .... El fin de todo. Si las repúblicas hispano-americanas están destinadas á desarrollarse por sí mismas, ciego es quien no vé que, cuando se hayan borrado las huellas profundas que ha dejado la guerra del Pacífico y la actividad de las comunicaciones salve en toda dirección las cordilleras de los Andes y los desiertos y rios que á sus pies se dila- tan, se crearán cuatro grandes confedera- ciones, reunidas á su vez en otra conti- mental. Los alemanes sc•ñaban y han realizado en nuestro siglo la Gran patria Alema- na; los italianos soñaban y han realizado tambien la unificación de la Italia. De la misma manera llegará el día en que los pueblos de raza lati na en América sueñen y realizen la confederación Latino-ameri- cana Las cuatro confederaciones que en ella han de constituir el elemento hispano con- tinental serán: Méjico y Centro-América; Venezuela, Colombia y el Ecuador; el Perú, Bolivia y Chile; La República Argentina, el Uruguay y el Paraguay. Todo trabajo en sentido contrario á es- te gran objeto, que está en la conciei,cia de todo americano español, realizado ya ó por realizarse, aunque sea de gf'neracio- nes enteras, paréceme trabajo de pasiones brutales, efímero, de telas de araña, sin otro verdadero resultado que fomentar los daños que al progre.so de la civiliza- ción causa la mas trascendental de las calamidades de nuestra época: los grandes armamentos militares. Luis B. C1sNERos. 1887. -·- El problema. ( Á MI AMIGO MARIANO C. OLÓRZANO.) Pasado el invierno frio, Hán vuelto las golondrinas Al tejado, padre mio, Trayendo musgo del rio Que riega nuestras colinas. Envueltas en densas brumas Vinieron buscando abrigo; Y su nido en ansias sumas Ha.,n hecho· allí con sns plumas Y suaves pajas de trigo. Luego con ardiente anhelo, Para traer nuevas galas, Cruzaron en ráudo vuelo Lás soledades del cielo, Abriendo sus negras alas. Al cubrir enamoradas Aquel Eden, protejido Por la mano de las hadas, • EL PERU Il..USTRADO. Entre las pajas doradas Un dulce beso he sentido . A ver las aves proscritas Torné otra vez al tejado, Y con gracias infinitas Otras tiernas cabecitas Al verme se hán asustado. De entonce, padre, hé sentido Dudas, deseos, enojos; Pues la existencia de un nido, En el alero escondido. Es un problema á mis ojos, · -Hija mia, tu inocencia A comprender aún no alcanza De ese nido la existencia, Y es presa ya tu conciencia De dudas y desconfianza • Y a sien tes de los enojos Las punzadoras espinas, Y te afectas de sonrojos Por que hicieron á tus ojos Su nido las golondri,nas. Miras correr intranquilas Tus horas, antes en calma, Y ya tiemblas y vacilas, Y anublan ya tus pupilas Las d 1 1das que siente el alma. Pretendes rasgar la venda, Y conocer la existencia De ese nido, que es tu anhelo, Y á evaporarse en el cíe lo Principia ya t11 inocencia . . • Si buscas el bien cumplido Que sea el candor tu imperio, Y mira siempre ese nido, En el alero escondido, Con el cristal del misterio. ALEJANDRO B. MENDEZ. 1887. Una levita. Nada mas útil ni más costoso quf' una levita, por eso se llama pob1·e de levita, al que menes apareuta su inisPria. Basta una levita nueva para tener en- trada á cualquier parte. De aquí, sin es- fuerzo, el que no se mire al hombre sino al vestiüo, y si éste es flamante, vale el que Jo IJe.'átt más que aquel quelv merece y no . lo us!"en condiciones de 1 ucirlo. Por una levita se hace un matrimonio. Una bien COl'tada llama 11! atención de una dama y su heehurd muchas veces comien- za por ha0er admirar el talle; después ha- ce caer en cuenta de qne se tiene fisonomía simpática; y en fin, por PlJa se atrae á la red á una hurí de aquellas incorrejibles en el culto de las modas, aunque éstas sean tan estrafalarias que col'ffundan al hombre con el mono. La levita es en muchos casos un háb:to, porque el que lo lleva no tiene otro ves- tido. Miéntras se conserva nueva, es un adorno singular. Cuando comienza á gas- tarse es un sambenito -El m~ito está en el lustre. El mundo no estima el estam- bre, por eso cuando se descubre se le ofende-. Sin una levita flamante no se puede ver á un Ministro, ni puede felicitarse á un magnate. Ambos verían una levita gas- tada. por el uso como una descortesía.-El gasto de una levita nueva es como el bo- leto que se toma en un teatro para dispo- ner d~ una butaca; sin el no se puede go- zar de ]a gran comedia de la vida, de aquella en que entran como actores los mas conspicuc1s personnjes. Por una levita nueva se consiguen otras, se come, se fur11a y se bebe al crédito. Múcho impone cuando está flamante; y tan- to, que da d carácter de solvente al mas descamisado, aunque éste como sucede sin exaje1·arlo,no tenga más fortuna que la levi- ta que lleva en Jas espaldas y aunque su pe- queño peso Je moleste porque es ageno si todavía la debe al sastre. ' Mucho podríamos decir del poder de una levita nueva; pero á fin de no pecar de pesados, diremos que vale más que un hombre. EstP. necesita que se le conozcil, que se le t1·ate, para <>btener aprecio: aquella se hace distinguir al primer gol- pe; basta que se la vea colgada á los hom- brns del mas miserable parn llamar Ja atención. Esto es lógico. El mundo estima las cosas por lo que cuestan; si así no fue- ra, no estuvieran pros<~ritos el talento y Ja virtud, porque esto iw se compra y la generalidad desposei,fa oc estas d<,tes, aun- que las enviuia, finge desprecrn.rlas. Si lft pieue del peusamiento pudiera comprar con oro lo que le hace tanta falta, entónces desterraría la apariencia y el uua- to que tanto ama porque le euesta11 su di- nero. .Lima, Noviembre 10 <le 1887. JORGE MIGUEL. Versos. (AL INTELIGENTE ESCRITOR Y J<JVEN DIPLO- MA'l'ICO JULIO B. SAL.AZAR.) I. EL BARDO INGLES Nubes de bruma se tl)ecen, • , Mortajas del cielo son, Nieblas flotantes, parecen Fantasmas que desvanecen Las bri-sas de esa re [ji.ón . Allí no acaba el invierno; El cielo es sin arreból; · Rostros hay de hielo eterno; Ahoga el humo sempiterno; No brilla un rayo de sol. Con alas de angel muy bellas, Y ·con corona de estrellas, Por esa sombría Albión Surca un demonio ... sus huetlas Brillantes, de fuego son. Su atmósfera es la armonia, Serpiente del matrimonio, Mago de luz ...... su poesía Alumbra aún fa noche umbtia, ¡Es Byron ese demonio. II. JULIETTA. Venturosos ayer ... y hoy en presencia De su muerte se doblan de· dolor Esos sauces llorosos, y la luna Amortaja con sombras su fulgór •
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