El Perú ilustrado: semanario ilustrado para las familias familias

8 frustrad.os rarísima vez dejan de hacerla llorar. En los bailes encuentra la muger tantas rivalidades como obtiene triuufos, y tan- tas envidias cuantos són sus méritos: es un camp<J de batalla en el que se libra combate con todas las pasiones, buenas y malar-;, propias y ajenas. En ninguna parte mejor que en un bai- le, puede medir el hombre los q uibtes de Ja virtud de una muger: los defectos ó perfecciones de su educación, y lo vasto ó estrecho de su inteligencia: allí puede estudiarla tán de cerca que difícilmente se le escapará. uno solo de sus encantos 6 imperfecciones. En los bailes se encuentran las jóvenes completamente ent1;"egadas al hon01· y á la buena ó mala fé de sus parejas, de ma- nera que la madre más vigilante no po- dría evitar una palabra atrevida, ó incon- veniente. Todas las jóvenes regrPsan en geuernl de los bailes con la cabeza atur- dida y el cotazón agitad0 por emociones mil; gratas y por lo mismo peligrosas, sí se ha visto mas aplaudida y rec!ibido más obsequios galante:"> que las demás: amar- gas y crueles, aunque algu11a vez prove- chosas, sí la han pospuesto y desairado. De un baile depende con frecuencia el porvenir de una muger y, por consiguiente, la felicidad ó desgra<;ia de su vida. Estamos muy léjos de atrevernos á proscribir los bailes, pues no nos creernos de ninguna manera autorizadas para elloj pero atendidos sus inconveni0ntes y peli- gros, lamentamos que sean casi una nece- sidad para la juventud, y una costumbre tan arraigada como universal. Sin utro título, pues, que un sincero interés por la bien entendida feli<;idad de la muger, · nos atrevemos á hacer algunas indicaciones tan afectuosas como. csencil las. EL" PERU .1LUSTRADO. Elegía en la muerte de un amigo A LA MEMORIA DE JOSÉ ANTONIO AGUIRRE Y A1'DRACA (*) Oh lmoJVn tite eruliP.~t and e.~teerned tlie most! DPar to a, heart n·he'l'e nought wa.~ left so dr'a.r! Thou,qh to ?ny hopeless days fm· m:er lo.~t, In dreams den.y rne not to SM theP lu:1·e! And .1.lI01·n in secret .~hall 7·e1wm tlie tea ·r Of Oinsoimtinl'SR an·alúng to hr'1' •7l"Ot'-~, And Fancy hnrm· o'rr th.11 hloorll r•R.~ vier. l'ill my frarne return to ?Vhence 'it 7•0.~e. BYRON, Cllilde Haruld. L 92 l. ¡Ayo de mi niñez, constante amigo De las épocas todas de mi vi<;ial ¡Muere una parte de mi ser contigo Al .consumarse tu eternal partida!· El último eslabón de la cadena Que aún me ligaba á mi felíz pasado, J ,a última vida de memorias llena Que reflejaba la del padre amado, Se han roto, Aguirre, en tu sepulcro yerto. Y con mano insegura que desmaya Del porvenir me lanzo al mar desierto Dejando mis afectos en la playa. Ya el alba de la vida no me alegra, Ya el sol de la ilusión traspuso el monte, Y desengaños en bandada negra Se ciernen por mi lóbrego horizonte II. En vano sobreponen sus raíces Afectos posteriores en mi alma: Los de ayer, !os de días más felices, Siempre en mi pecho alcanzarán la palma. Las todavía abiertas cicatrices, Años no obstante de aparente calma, Hoy manan sangre y lúgubres querellas, Y el alma vuelve á sollozar por ellas. Tus manes, tu ataúd, el cementerio, Son un conjuro para mí, que evoca Recuerdos ¡ay l de irresistible imperio, Que ya por vanos 1a razón sofoca. De lo pasado es el amor ta·R sél'io, Que se mantiene como firme roca, Por más que traigan otros las edades En glorias, en fortuna ó liviandades. Talisman de recóndita riqueza Hallo en tu muerte y mi letál tristura, Y un resplandor de mística belleza Irradia para mí tu sepultura. Me hablabas de futuras laureolas. De navegante en mi primer ensayo, Tambien contigo dominé las olas: ¿Qué confidencia entre los dos no cupo? ¿Quién cual tú tanto de mi vida supo? Ya nada existe del hogar paterno, Ni nada que recuerde al padre justo, De la mentira e1 enemigo eterno, De la justicia el sacerdote augusto. Soliste aún en tu desvelo tierno Interceder si él me miraba adusto, Y quizá por tu empeño tan prolijo Al borde de la tumba me bendijo. El niño, el jóven y el reciente padre, Forman un sér que con amor te nombra; :Mira pues si hoy, cuando Ja tierra madre Va á devorarte, veneranda sombra, Podr0. por más que á tu humildad no c1rndre. ..Podré ante tu moclestia que se asombra No redimir tu nombre del olvido Y no hacerlo inmort::tl en todo oído. Tu muerte oscura, abandonada y pobre. De sangre entre copiosas bocanadas, Sin que una voz amiga te recobre O te hable de las célicas moradas, Hace que mi amistad más bríos cobre Al recoger del polvo tus heladas Reliquias, noble mártir del trabajo, Qne á tan mísero fin Ja suerte trajo, Azote cruel de todo sér viviente La muerte tan temida y tan odiosa, No sólo es necesaria, es conveniente; No sólo es conveniente, es provechosa. Ella nos venga del afán demente Con que la vida impía nos acosa Cuando, como á Ifigenia un Diós propiCio, Nos saca del altar del sacrificio. Sola miro y glacial la antigua estancia, Padre y amigo huyeron de mis brnzos, ~luere mi juventud á la distancia, Las campiñas conviértense en eriazos. Esto, aunque guarde la vit< l sustancia, Es morir á girones y á pedazos, , Es vivir con el ánima aterida, ¡Esto es en fin sobrevivir})e en idal · 1 Si hay algo más después de \o terreno, . Si hoy ves á aquel cuya memoria lloro, Sé el mensagero que en su amante seno Vierta de n11s afectos el tesoro. Díle, que, aunque felíz. con nada lleno Ei antiguo vacío que deploro El abismo que abrió la muerte suya Y que hoy se ahonda con la ause1tcia tuya. La primera es que las madres, ántes de engalanar á sus hijas con todo lo que pue- de realzar su belleza física, las emiquez- can con las joyas de una sólida Yirtud, y las adornen con el vestido de una seria y esmerada educación, de manera que una y otra las inspiren una prudente descon- fianza y una di:;;creta reserva, que las li- bre de vanas ilusiones, las defienda de pe- ligrosos halagos y Jas prohiba toda acción que pueda empaüar, ell lo mus minimo, el decoro de sus nombres y la suprema be- lleza de sus almas. Desde que el díaacabahastaqueempieza, 1 ~1iél'ltras que el día fatigoso dura) Envuelto en tu memoria. dulce amigo, Vuelvo como ántes á vivir contigo. ' JUAN DE A.RONA. Celos. La última, que las jóvenet, en guarda de su propia dicha, piensen en sus horas de baile que, así como en las msas hay espi- nas y en la naturaleza defectos, en los ha- lagos hay hiel, en las amistades falsia y en los amores iuconstancia. Revive el cuadro que en un tiempo hicimos; Allí estás tú y el padre tan llorado, · Y nuevamente todos tres vivimos En la inmortalidad de lo pasado. OtI..1. vez á los pájaros oírnos, Y el huerto vemos! l~ campiña y ¡:irado, JUANA RosA DE AMÉZAGA. Que fueron su delic1a, Y tuva, v mía. . y hoy son teatro de rnatariza {mpía. Lima, Setiembre de 1887. 1 Pero el recoDstruido paraiso . ~. ( ..\..JUAN F. HERNANDEZ.) Yo siempre he oído decir, ó si nó lo he oído, lo he pensado: que los celos, en la luz, es la sombra que la persigue, man- chas 'en el sol; nubes en ~ cielo, olas en los mares; espinas en las rosas .... yó, re- pito. creo para mi, que en esa hoguera quemé mis esperanzas mas queridas, que los celos son el amor dilatándose á través de las sombras del abismo: Luzbel cayen- do de los cielos: el infierno en una pala- Cuestion colores. ¡ Que sueño ante tus míseros despojos~ A>1'J1q.ne tan facilmente lo improviso, Y,a núnca á verlo volverán mis ojos. :Ya cruzar nu~.a. senda me es preciso El f d 1 V . I De flores pocas v con mil abrojos, ! bra. (El Autor.) . t", Lue 1 go e esuhvw b" , ¡Adiós pues, duÍce ayer, felíz pasado. sm io o a en su pee o por un ru 10, ·Ad.· · d.· d d 1 . · 1 1 d f 10s amigo y a ios pa re ama o y amo uego con oc0 ese·1 reno T · d · d d 1 · ~f á nno que era· moreno. u e 1111 e ª en e m~.cie~1te 1 ayo. m ~, d 1 Al sorprenderme con la hra a, solas, .l. ra1an ose ae amores T · 1\1 • · ·1 · ·1 , d.· ¿· d u, 1, entor JUVem , JUVern ayo, 'ª muge1· no is 1nque e * • ( ) N!l-tural de A.lgorta en Vizcaya, falleció 1 epentinamente en Lima el 25 de ~ o>iembre ; 1882. Tengo clavada en la mente U na cniel y horrible idea. Que la oprime y la rodea Como un anillo candente. Ardiendo el <;erebro, cruje, Lo incendi3: ese pensamicnt

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