El Perú ilustrado: semanario ilustrado para las familias familias
4 la envolviera un ·profesor de plástica. No me parece tan graciosa la c<noche» de Pra- dier embozada en las sombras, como una lim~ña entre los pliegues de esé manto pre- cioso, casi proscripto po1· las mo~as euro- peas, perejiles de c~ntas y churrigueresca inspiración de modistas francesas, enloque- cidas por la danza nacional que les revuel- ve el seso.» La lectura de ~sta página me hace pen- sar que no estaba yo muy léjos de decir verdad, cuando escribí estas cuartetas: Soñando Dios en el cielo Con la hermosura, hizo á Eva Y, al ver que le <lió mal pago, Hizo á la muger limeña. Oorrejida y aumentada, Quedó la edición tan bella, Que era superior, en todo, Mil veces, á la primera. Tal que su autor, y me consta, Dijo:~entusiasmado al verla: ce He dado en bola, señoreL, Esto .sí que es cosa buena!)i Hermosísima, elegante, graciosa sin ri- ri val es, en verdad, la limeña; más esto na- da tiene de nuevo, porque lo saben de me- mória y como el crédo todss los hombres y las rnugeres del mundo, por más que al- gunas disirnuláran :;aberlo. Pero creo muy posible que muchas mu- geres, y hasta las mismas limeñas, ignoren completamente el orígen verdadero de esa tradicional hermosura. Para que llegue á conocimiento de toda::;, hé aquí, más ó mé- uos> la sustancia de una curiosa tradición que recuerdo haber leído en "Le Fígaro" de París.- Un dia, el Hada Azul bajó á la tierra con el generoso intento de distribuir entre sus hijas los tesoros de gracias y de her- mosura que traía consigo. Amaranto, su inseparable duendecit0 to- EL PERU ILUSTRADO. Muelle y Dársena - Callao. có llamada en el cuerno de la abundancia, y al punto mia niña de cada país se_ pre- sentó al pié del trono resplandeciente del Hada. Como es fácil de comprenderse, to- das ellas formaban una multitud conside- rable. -Quiero que ninguna de vosotras, dijo el Hada Azul á sus amigas, tenga que que- j arse del dón que he venido á hacerle. No está en mi mano dar á todas una misma cosa, y quizá si la misma uniformidad qui- taría el mérito al regalo. El Hada Azul limitó á esas palabras su discurso, y comenzó la distribución de sus presentes. Dió á la jóven española cabellos tan ne- gl'Os, tan sedosos y tan largos, que podía, con solo ellos, hacerse una preciosa man- tilla. A la italiana le dió ojos vivos y ardien- tes, semejantes á una erupción del Vesu- bio en la mitad de un.a noche de tinie- blas. A la turca, unas formas redondas como la luna y suaves como ia pluma del eider. A la inglesa, una aurora boreal para que se tiñese las mejillas, los lábios y los hom- bros. A Ja francesa, gracia, vivacidad y talen- to para saber atraerse millares de admira- dores. A la alemana, dientes como los de ella misma, y lo que no es ménos que unos bo- nitos dientes, un corazón sensible y pro- fundamente dispuesto á amar siempre. A la rusa, las maneras de una reina. Y, pasando después á pormenores, puso la alegría en los lábios de la napolitana; el ingenio en la cabeza de la irlandsa; el buen sentido en el corazón de la flamenca, y co- mo ya no le quedara ·que dar, se levantó é iba á emprender su vuelo, cuando l.a li- meña, deteniéndola de la flotante fimbria de su túnica azul, le dijo con dignidad y franqueza. -¿Y yó? -¿La había olvidado á usted? -Enteramente, señora; y tenga usted entendido que yo soy la hija del nuevo mundo. -Estaba usted demasiado cerca de mí, y por eso no la he visto. Pero ¿qué hacer? El saco de mis fav0res está completamen- te vacío!. .. El Hada refleccionó un instante; y lue- go, haciendo una mágica señal para que volvieran á ella 8US encantadoras agrade- cidas, les dijo: "Vosotras sois buenas pues- to que sois bellas y amables y debeis por lo mismo reparar una gran falta que h~ cometido: en mi distribución, olvidé a vuestra hermana menor, á la jovencita li- meña. Os ruego á todas que cada una se des"renda gustosa de una parte del dón quei: acabo de hacerle, y se la dé á la lime- ña. Así vosotras perderéis poco y repara- réis mucho mi falta. ¿Cómo negar algo á una Hada, cualquie- ra, sobre todo al Hada Azul <que acababa de portarse generosa? Con esa gracia especial y peculiar de Ja~ que son verdaderamente felices, acercáron- se por turno laE niñas á la limeña, y dié- ronle, al pasar, la una un haz de sus her- mosos cabellos negros y blan <il.os como la seda de Murcia; la otra una parte de los ardientes fulgores de sus ojos que abrasan los corazones; ésta algunos destellos de su alegría; aquella lo que pudo de"su sensibi- lidad exquisita; otra la hizo partícipe de su talento; la de más allá, de su gracia, y así fué como la limeña, antes pobre ¿ ig- norada, se encontró en un momento más Tica y mejor dotada de atractivos y de gra- cias que todas sus compañeras. Y a el Hada Azul se había remontado al cielo, satisfecha y sonriente de alegría. . Esto prueba, mis amadas lectoras.... Náda tengo que probar. Todo está. más claro que el agua del rio de Santa Clara. Lo único que aho1:a pretendo, es que ustedes se porten conmigo. A. DE LA. E. D.BLGADO.
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