El Perú ilustrado: semanario ilustrado para las familias familias
-EL PERU ILUSTRADO • Serena una linfa fragua á su lado eterna queja, y su hermosura refleja el terso cristal del agua. Y como al celeste velo la linfa tambien retrata, Al enviar nuestros agradecimientos al colega por su agradable visita, que corres- ponder~mos con toda regularidad, no po- demos ménos de estimar la preferencia que ha acordado á algunos de los artícu- los de nuestro semanario, entre- otros á , ' la flor, entre hondas de plata, parece besar el cielo. Y allí en medio de las frondas, gimen, canta1~do sus galas, la brisa al batir sus alas y el agua al mover sus ondas. Desde que culto rendí á tu hermosura y candor, al verte pienso en la flor y al ver á la flor, en tí. Y es que aquella flor semeja tus.encantos virginales, como en sus tersos cristales la linfa á la flor refleja. Como esa fior tú descuellas, y hermosean tus auroras. tus i)racias tan seductoras y tus virtudes tan bellas. La flor de más hermosura solo ha igualado tu encanto; por eso, niña, te canto con la delicia más pura. RENATO MORALES. Arequipa. .... Puntos y Comas. Pregunta: ¿De que manera se conserva más fresca la carne de carnero? Contestación: Cuando no se mata el carnero. * A un hombre celoso enflaquese la gor- ur a de su vecino. * Panchito: ¿Cuántos hermanos tienes? Contestación del chico: Yo soy los úni- cos hijitos que tenemos. * Dime, hijito, á quién quieres más ¿á pa- pá ó á máma? á cada uno 5 0 0 /º. * Uu jóven recien casado á su esposa: Tú pareces á la reina de las flores, á las roass. Suegra: Pero que mal dicho ¿no sabe Ud. que las rosas tienen sus espinas? Jóven: Verdad señora, si Ud. no me hubiera recordado, casí lo había olvidado. A. T. WHITIE. La Ilustración del Plata. Con sumo agrado acusamos recibo de «La Ilustración del Plata» semanario que publica en Montevideo el señor A. Godel. «La Ilustración del Plata» es un perió- dico que honra á Sud-América, por . su e3cojido texto literario, por la limpieza de su impresión y por el indisputable mé- rito artístico de sus grabados. Para sufragar tales gastos, el señor Go- del ha tenido que fijar una tarifa, que con- ceptuamos proporcionada al mérito de la publicación: la suscrición mensual vale $ 1.00 y 10.00 oro por un año. unas maximas de nuestro galano colabora- dor Leo-Nino. ¡Hogar mio! I. ¡Cuánto has cambiado, hogar mio, Tornado en noche de duelo! ¡Cómo acude inexorable, Envuelta en fúnebre velo, La realidad de la vida, Con el dolor del recuerdo! En torno, el siniestro brillo De moribundo reflejo, Que tristemente fulgura Sobre la toca de un muerto: Y com1J una pesadilla, De negrns alas de cuervo, El dol0r me estrecha horrible Con sus círculos de hierro; Y en mis oidos murmura Ininteligible un rezo, · Plegaria deshecha en llanto, De unos niños sin consuel0! Y allá en los pasados días, Del horizo11te á lo lejos, El bienhadado camino, Do en vertiginoso vuelo, Cruzaba tras lo insondable, Y en alas de hermosos sueños!! Carbones medio apagados Tiñen el hogar desierto, Y mi memoria reviste Como con brochas de fuego, Las blancas idas visiones, Al vago chisporroteo .... Y r esurgen del olvido Ignotos deslumbramientos, Imágenes invisibles Sobre la ruina de un lecho ..... Alborescencias lejanas, Murmurios vagos sin eco, Aéreos sones perdidos, Adioses mudos y eternos!! Estela de un alma pura Por mi borrado sendero! Y del presente al pasado Gira mi espíritu incierto Dudando si está dormido, O en el fondo de un infierno! II. La esperanza, aquella antorcha Fija en la ruta del cielo, Se apagó en las soledades De mi espantoso desierto ..... Y yó, bajel destrozado, Sin brújula, como un ciego En los negros torbellinos De la realidad envuelto, . Voy por el hondo vacio Como un buzo del Leteo Removiendo sin descanso Toda la hiel del recuerdo!! Dios, que iluminaste un día De las tinieblas el seno, Dios del insecto y los soles, Cuyos hálitos su11remos Sembraron en los espacios Fulguradores luceros! Si con soñarte se alumbra, La noche del pensamiento, Alzándose al infinito / I 1 Sobre las alas del estro ..... Tú de mis huérfanos hijos Alumbrarás el destierrc1 ..... Dios de los desamparados Si ...•. Tú velarás por ellos, Y al cansancio de mi vida Brindarás descansq eterno!- Dios del huérfano y la viuda, Unico Dios en quien creo,- Dios de mis padres, alumbra Sobre un dolor tan inmenso!! 3 AGRIPINA MONTES DEL VALLE. (De "La Ilustración del Plata"). Una noche en. Wingdam. BRET-HARTE, (BOCETOS CALIFORNIANOS). Había corrido en diligencia y me sentía atontado por el movimiento de todo el dia. Cuand0 al caer de la tarde descendi- mos rápidamente al pueblecito arcadiano Wingdam, resolví no pasar adelante y salí del carruaje en un est~do sombrío y dispéptico. Me oprimían aún los efectos de un pastel misterioso contrarrestados un tanto por un poco de ácido carbónico dul- cificado con el nombre de ce limonada car- bónica» que me ijabía servido el propietario del mesón de .Medio Ca.mino. Ni siquiera alcanzaron á interesarme las f acetia; del galante mayoral que conocí:,i. los. nombres de todo el mundo en el camino; que hacía llover cartas, periódicos y paquetes desde lo a~ to qe la vac?~; que mostraba sus pier- nas -en frecuente y terrible proximidad á las ruedas, subiendo y bajando cuando íbamos á toda velocidad; cuya galantería, vnlor y conocimiento superiores en el via- \0s anonadaban á todos los viageros, ,tUCi~ndonos á un silencio envidioso, y qu~ cabalmente entónces estaba hablando con varias personus y ha.ciendo manifi.es - tamen te alguna otra cosa al mismo tiem- ·Pº· Quedéme sombríamente de pié con mi manta y saco de noche bajo el brazo, comtemplando la deligencia en marcha, y eché una mirnda de despedida al galante conductor, mientras, colgado del imperial por una pierna, encendía su cigarro en la pipa de un postillón que corría. Luego me volví hacia el sombrío hotel de la Tem- planza, de Wingdam. Fuese á causa del tiempo, ó á causa del pastel, lo cierto es que la fachada no me hizo favorable impresión. Tal vez era por- que el rónlo extendido á lo largo de todo el edificio, con leteas dibujadas en cada ventana hacía resaltar de mala manera á aquellos que miraban por ellas, ó quizás porque la palabra Templanza siempre ha despertado en mí la idea de biscochos y thé flojo. A la verdad, la casa no convi- daba. Se la podía haber llamado Fonda de la Abstinencia, según era la falta de to- do lo necesario para deleitar ó cautivar los sentidos. Presidió sin duda á su com- trucción cierta tristeza artística. Era ex- cesivamente grande para el campamento, y tán destartalada, que parecía poco pre- ferible al aire libre. Tenia además una de sagradable condición: sentíase en ella la humedad del bosque y el olor del pino. La naturaleza violentada, pero no some- tida dE>l todo, retoñaba en lagrimillas re- sinosas, por puertas y ventanas. Pareció- me que instalarse allí, debía asemejarse
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