El Perú ilustrado: semanario ilustrado para las familias familias
8 Este señorln tán seno ián influyente y sesudo, cuyo menor estornudo tumbaría un ministerio, tiene más de un gatuperio, por el que fuera á Melilla; pero, como hay gentecilla que con su nombre especula, toda providencia es nnla contra tal fiebre wnarilla. ¿Qué podré yo decir más de mi teoría en favor? fiebre amm·illa es amor que nos quita vida y paz. La usura, la pertinaz ambición de una cuadrilla política ...... La rencilla entre pueblo y pueblo ...... todo lo que hace subir el lodo no es sino .fie!Jre mnarifla. Deletérea exhalación de un astro horrendo, infernal, atrofia el corazóu leal e¡ ue resiste tL su iln- asión. Guerra á ella! Maldición sobre esa pestA que humilla la casta de A dan y aun brilla pai·a su propio desdoro ....... . Guerra á la fiebre del 01·0 que es la grá;1 Fiebre :mrnrilla ! CA litLOS G. AMEZAGA. Arre, borrico ! QUIEN NACIÓ PARA POBRE, NO HA DE SER RICO. (TR.•\ DICIÓN.) U nos dicen que fué en Potosí, y otros en Lima, donde tuvo orígen este popular refrán. Sea de ello lo que fuere, allá Yá tál como me lo contaron. EL PERU ILUSTRADO. Así las cosas, amaneció un día el Go- bernador con gana de adueñarse del te:;;o- ro, y le dió un puntapié al indio. Este lle- vó su queja por todas partes sin encon- trar valedores; porgue el mestizo se defen- día exhibiendo títulos en los que, segun hemos dich0, solo él resultaba propietario. El pastel había sido bien amasado, que el Gobernador era uno ele aquellos pícaros que no dejan resquicio ni callejuela por donde ser atrapados. Era de los que bai- lan un trompo en la uña, y luego dicen que es bronio y no pajita. Corno último recurso; aconsejaron al- más piadosas al tan traidoramente despo- jado, que se apersonase con su querella al virey del Perú, que lo era entónces el se- ñor conde de Chinchón; y una mañana, apeándose del burro, que dejó en la puer- ta de palacio, colóse nuestro indio por los corredores de la casa de gobierno y, como quién boca tiene á H.01na llega, encaminá- ronlo hastaª avistarse con su Exelencia, que á la sazón se encontraba en el jardinillo acompañuelo de su esposa. Expuso ante él su queja, y el Virey lo oyó media hora sin interrnmpirlo, silencio que el indio creia de buen agüero. Al fin, el Conde le dió la estocada de muerte, di- ciéndole que. aunque en la. concienci,t pú- blica. estaba que el mestizo lo babfa bur- lado, no había forma legal para despojar á este que eomprobaba su derecho con documentos en toda regla. Y terminó el Vfrey despidiéndolo cariñosamente con estas palabras: -Resígnate~ hijo, y véte con la música á otra parte. Apura.lo este desengaño, retirósc mohi- rno el querellante, montó en su asno, y, espoleándolo con los talones, exdamó: -Arre, borrico! Quién nació para po- bre, no ha de ser rico! R.ICARDO PALMA. Por los años de 1630, había en la pr(J- Yincia de Huaroch irí ( \'OZ que significa calzones para el frio, pues el Inca que con- 1 quistó esos pueblos pidió cmcjante abrigo) 1 un indio poseedor de una recua de burros con los que hacia frecuentes ,·iajes ú Li- ma, trayendo papas y quesos pn.rn vender en el mercado. El arroyuelo. (RUNEBERG.) A la márge11 del arroyo 11Pga una cuitada nifia á bañar sus piés enanos t'n las aguas cristalinas. En uno de sus ·viajes encontróse mm piedra que era rosicle1· ó plata maciza. Trá- jola á Lima, enseüól~1 á varios espm1oles y ellos, maravillados de la riqneza de la piedra, hicieron mil agasajos y propuestas al in<lio para que les revelase su secre o. Este se puso retrechero, y se obstinió en no decir dónde se encontral><t la miua ele que el azar lo había hecho des('ubridor. Vuelto ú su pm blo, el golH>t·nador que era un mes-tizo muy ladino y compadre llel indio, le armó la sac:andilla:--.Mira, compadre, le dij(J, tú no puedes trabajar la mina siu que los viracochas te maten para quitártela. Denunciémo~la entre los dos, que conmigo va.s seguro, pues soy au- toridad, y amigos teugo en palac.;io. Tánta er·a la confianza del indio en la lealtad del compadre, que aceptó el parti- do; pero como el infeliz no sa1ía leer ni escribir, encargóse el me tizo de organi- zar· el espediente, haciéndole creer, como artículo <le fé, que en los <lecretos de am- puro y posesi6n figuraba el nombre de ambos socios. Revolando un pajarillo, con acento dulee díccla: "Ten cuidado, hermosa jóven; si enturbias la clara linfa no podrá ya el Cielo en ella reflejarse sin mancilla." l\.flra la jó\·en al pájaro y, anegadas hi.s pupilas, re?lícalc entre sollozos: "Por el agua no te aflijas, que, si fth<1ra turbia, l.>il'n pronto tornará á sc>r cristalina; mas, así cuando me viste por el traidor per::oeguida aconsejarle debieras: "No enturbies con tns caricias "el alma de ]n doncella "inocente, pura y limpidn; "pues no tornará á aclararse "r:.i reflej11rá, t1·anquila, ' 'el hermoso azul del cielo, ;;cual, ~in pesares, solía!" · .1 ULJO 8. lhRNÁNnr<:7.. Lejos del objeto amado. ("AN DIE ENTFERNTE" DE GCETHE.) It was t.he lark. the herald of the morn. · SHAKSPEAnE, Romf'o and .Juliet. ¿Y para siempre, ay Dios, te habré perdido1 ¿Y huyes, i•lolo mio, de mi asiento, Cuando como hasta ayer suena en mi oldo Cada palabra tuya, cáda acento? Como el viajero al despuntar el día Del aire explora la región callada, Cuando perdida en el azul le envía La alondra desde lo alto su tonada: 1 Así yo tiendo la mirada loca Por la espesura y prado, y bosque umbrío; Mi verso todo sin cesar te invoca; Vuelve á mi lado, pues, vuelve, bien mio! JUAN DE ARON A. Imitación. Si eres la ros~ que, á las orill•1s de mansa fuente, crece gentil, seré yó el agua que, enamorada, mur1nura siempre junto de tí.. Si la azucena que, encantadora risueña y purn, J uce el jardín, seré el rocio que te corona, que te hace reina del mós cie Abril. 8i e.r0s la luna 1111e brilla hermosa y, a.Jlá, en el cielo se Yé ostentar, seré la nube q 11e, al ocultarte, ú. <lonclo rnyas t(~ srguil'é. 1fá~, si eres füio que el <.!al iz cierra, negando al aura besarte fiel, eomo et-a brisa tpw inora errantr, 1.flle triste gime, suspiraré. J. M. AMÉZAGA. Ei1e1·0 7 de 1880. ¡Muchas gracias! l. Mendigo de amor, un c.lía Llamó ú las purrtas de tu alma, Y ni t>l [·eo div respuesta A mi amorosa llamada. Llamé, ot1·a véz, po1·que siempre Es exijentc q uil•n ama, Y ¡esp(>ra! me dijo e11tónces El tlnJC'I de la EsPKRANZA.
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