El Perú ilustrado: semanario ilustrado para las familias familias

Yentajas que encuentre un hombre en lapa- tria extranjera, le tiene que suceder lo que á aquellos á quienes un liom bre, que no es su padre, les pel'mite pur cualquier interés ó motivo llen1r su nombre, pero no les dá Ja, pose::;ión de su afe0to, ní la heren~ia de sus bienes. Nada prueba mejor lR sublimidad y per- fección á que llega el amor de la patria, que las glorias que alcanza y los sacrificios que consuma. · Las almas vu lga1·es sienten rara vez con toda :;u intensidad y abnegación, ese pre- ferente amor por el suelo que lvs vió na- cer y en prueba de ello, cuaudo sobrevie- ne el peligro y se hace necesario obtar en- tre el amor de la, patria y el de la vida, los mejores son si m1 pre los que muere11; re- velandl) así q ne un terreno pedregoso no pueJe dar ál'lJOles magníficos, ní un árbol raquítico frutos almndantes y escogidos. El seGreto de la prosperidad y verdade- ra grandeza de algunos pueblos, no es el crecido número de sus habitantes, ui el po- der de sus ejércitos, m la riq ucza de su erario, ni el adelanto de su c1 vilización, nó, todos c::;tos son efectos de una causa moral y superiof, y bienes adquiridos con ese tesoro inapreciable, que se flama amor pátrio. Para todos aquellos que estiman la\ ida por el honor y la felicidad por la gloria: la humillación de la Patria es su humilla- ción y la desgracia de la Patria, su desgra- cia: de manera que ni el bienestar perso- nal les halaga, ni la propia dicha les satis- face, <mando ven á aquella abatida é in- feliz. Sí el amor de la Patria reasume, pues, todo lo perfecto de los amores humanos, debe inculcarse en los cornzones juve11iles, como el más noble de los afecto<a y el má::; inelndible de los deberes; ha:;iéndoles sen- tir y comprender que solo ] )ios está antes que la Patria. JUANA ROSA DE AMÉZAGA. Lima, Julio de 1887. / Un general ventrílocuo. (TRADICIÓN.) El general don Antonio Valero, Jefe de Estado Mayor de la división patriota que, en 1825, sitiaba los Castillos del Callao de- fendidos por el tenaz Rodíl, valía por su inteligen0ia, denuedo, actividad y previ- sión, casi tanto como un ejército. Pertenecía á esa. Lrillante pléyade de ge- nerales jóvenes que realizaron, en la guer- ra de independencia, hazañas dignas de ser cantadas por Píndaro y Homero. En la época del sitio del Callao, Valero acababa de cumplir veintinueve años, y era el más perfecto tipo del galán .::aba.lle- resco. Sus compatriotas del ejército de Co- lombia, siguiendo el ejemplo de Bolívar, eran prosaicos y libertinos en asunto de amores, V alero, como Suere, era un sol- dado espiritual, de fin1simos modales, cul- , to de palabras, respetuoso con la mujer. El entraba en el cuartel; pero el cuartel no entró en él. r En un salón, Valero eclip~aba á todos sus compañeros de campamentb por la ele- gairnia y aseo de su uniforme, gallardía de EL PERU ILUSTRADO. su persona y esquisita amabilidad de su trato. En el carn po de batalla, era Valero, corno todos los bravos de la patria vieja, un leo11 desencadenado. No hacía más; pe- ro no hacia ménos que cualquiera de sus camaradas. Valero había sido favorecido por la na- turale,za con una cualidad, rarísima hoy mismo. y que, á principios del siglo, se consideraba como sob1·enatural, maravi- llosa, diabólica; cualidad de cuya existen- cia solo la gente muy ilustrada, en el Pe- rú, tenía noticia, más ó ménos, vaga. El Gei~eral Valero era... VENTkÍLucuo. Son infinitas las anecdotas de ventrilo cuismo que snbre él cuenta la tradición, y la fácil pluma del general colombiano Luis Ca.pella Toledo, ha escrito una histo- toria de amor, en que Valero hizo noble uso de esa, habilidad ó disposición orgáni- ca para obligar á una jóven á que no se apartase del cnmino del deber. A un milita.r de los tiern pos que fuerón oí referir que, en un banquete, se propu- so Valero mortificar al General Santa-Cruz; pues, al trinchar un camarón, este le dijo con voz lastimera: -Por amor Je Dios, mi general! No me coma usted, que.. soy padre de familia y tengo á quien hacer falta. Sorprnndido Santa-Cruz, dejó el trinche, maravillado de oír hablar á un camarón. Puede asegurarse que, hasta entónces, no tenia Santa-Cruz la menor idea del fe- nÓtüeno. Gracia$ á esta individual y estraña cua- lidad, salvó el General Valero de ser fusi- lado por Rodíl. Refiramos el lance. El castellano del Real Felipe tuvo avi- so de que oficiales patriotas) aprovechan- do de la tiniebla nocturna, se aventuraban á penetrar en el Callao, sin duda para con- certarse con algunos deRcontentos y cons- pir:~dores. Rndíl aumentó las patrullas de ronda y, efectivamente, consiguió apresar, en diversas noches, á un ofici< 1 y dos sol- dad<!>s. De más está añadir que los envió á pudrir tierra. Era una madrugada, y el General Va lero, emprendiendo el regreso á su cam- pamento, después de haber pasado dos horas en conferencia con uno de los capi- tanes del castillo de San Rafael, iba á pe- netrar en una callejuela cuando sintió, por el estremo de ella, el acompasado paso de 1ma patrulla. El audaz patriota estaba irrernisiblemen te perdido si seguía avanzando, y retroee- der lt· era tambien imposible. Entónces, ocultando el cuerpo en el umbral de una puerta; apeló á su habilidad de ventrílu- cuo. Cada soldado oyó sobre su cabeza, y como si saliera del cañón de su fusíl, este grito: -Viva la patria! Mueran los godos! Los de la ronda, que eran ocho hombres, arrojn.ron al suelo esos fusiles á los que se les había metido el demonio, fusiles insur- jentes que habían tenido la· desvergüenza de proferir voces subersivas, y echaron á correr poseidos de terror. Media hora después, el General Valero llegaba á su campamento riéndose de la aventura, á la vez que dando gracias á Dios por haberlo hecho ventrílueuo. RICARDO p ALM.A. Í , 5 Los paises de la libertad. EN EL ALBUM DE UN AMIGO. Buen Robinet.! Tu oído atJ1•stumbrado Del ehlleno (lptimismo á las dulzuras ¡Cuál vá á sufrir con las verdades du;as De que á arrojarte aquí voy un puñado! Hay en _el mundo una región mezquina Donde es la ci vi-lización quimérica, Y que siendo á lo mús Hispano América, Pretende se1· América laLina! Allí de libertad los hombr~s chochos, Ebrios de gloria y de prog1 ·e.so mochos, Celebran sus Dieziochos y Veintiochos, A orillas de Rimáques y Ma.pochos. Allí la libertad tiene su sólio Y la necesidad es su verdugo, Y allí se vi ,-e sicmpre bajo el yugo De la ueccsidad ó el monopolio. A esas tierras en fin, de mis cariños, La civilización así les vá, Les asienta tcm bien, como á los niños El sable y el morrión de su papá. JuAN DE ARONA. Santiago, 1878. Bolívar y el último Cacique. El día 23 de Julio de r8r5 desembarcó en Santa Marta el ·ge.neral Morillo con el ejército pacificador. Componíase éste de ocho mil quinientos hombres de todas armas. Morillo, con el objeto de dar á los pue- blos una alta idea de su ejército, le pasó revista en Santa Marta, y varias veces hi- zo ostentosas paradas. A fin de mantener vivo el entusiasmo, repartió varios premios á los realistas que más se habían distinguido. El valiente Tomás Pacheco recibió el despacho de ca- pitan vivo y efectivo del ejército; al caci- que de Mamatoco le puso él mismo en el pecho, á presencia de todo el ejército, una medalla con el busto del rey. Como lo dice el señor Restrepo, todo esto no era más que para mantener vivo el entusiasmo de los pueblos, porque era bien sabido que el cacique de Mamatoco no era realista. J José de la Concepción Nuñez y Mani- gua, por otro nombre Minca-Aracataca, el último de los caciques de la montaña, estaba resignado á la dominación espa- ñola. Sus antepasados habían defendido la tierra con valor y constancia. En el «Ma- món de la Vírgen>>, e1i ((Quebrada-Seca», en los ccCallejor1es de Bonda», en todas partes habían batido á los conquistadores; de tal suerte que, aterrados éstos, varias veces trataron de levantar el campamen- to. El cacique Nuñez hallaba licito que los naturales trataran de reconquistar la tierra que á los aborígenes había sido ar- rebatada; pero así como Ja causa realista, tampoco simpatizaba con la de la Repú- blica, porque tanto la una como la otra lo desheredaban de sus legítimos dere- chos. Más como había recibido alguna edu- cación, y era nat'i.1ralmente pacífico, dió-

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