El Patito feo

dedos para adentro! Un pato bien educado tiene siempre las patas bien abiertas; así, eso es. Ahora inclinen la cabeza y digan: “¡Cuac!” Los patitos hacían cuanto se les ordenaba; pero los otros patos del corral los miraban diciendo en voz alta: -¡Vean eso! Ahora tendremos que aguantar también a toda esa tribu, como si no nos bastáramos nosotros. Además..., ¡oh, querida, qué feo ese patito! No se lo puede mirar. Y un pato corrió hacia el patito feo y le dio un picotazo en el cuello. -¡Déjalo! -suplicó la madre-. No hace daño a nadie. -Puede que no -replicó el que había atizado el picotazo-. Pero es tan desmañado y raro que dan ganas de darle una paliza. -Todos esos otros patitos son muy hermosos - dijo el pato viejo, el que tenía el trapo atado a la pata-. Muy bonitos todos, excepto ése, que resultó un ejemplar bastante desdichado. Es

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