El Patito feo

abrirse empezó a crujir. -Chip, chip -dijo el recién nacido, y salió del cascarón tambaleándose. ¡Qué grandote y qué feo era! La pata lo miró con disgusto. “Para pato es de un tamaño monstruoso -dijo-. ¿Será acaso un pichón de pavo? Bueno, no tardaremos mucho en saberlo. Al agua irá, aunque tenga yo misma que arrojarlo de un puntapié”. El día siguiente amaneció espléndido; mamá pata se fue a la orilla, y se zampó en el agua. “¡Cuac, cuac!” chilló, y uno tras otro los patitos se zambulleron detrás de ella. El agua los cubrió hasta la cabeza, pero ellos volvieron a salir a flote y se sostuvieron perfectamente. Las patas se les movieron solas... y ya estaba. Hasta aquel grandote, gris y feo nadó también con ellos. -“No; no es un pavo” -reflexionó la pata-. Hay que ver qué bien se maneja con las patas y qué derecho se sostiene. Es mi propio pollo, después de todo, y no tan mal parecido si se lo

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