El otro partido

INTRODUCCIÓN Clasificamos al Mundial Rusia 2018 después de largos 36 años y el país entero estalló en conmovedoras expresiones de alegría, felicidad y nacionalismo exacerbado. Nunca antes resultó tan evidente que un logro deportivo excepcional cambiara radicalmente el humor y las expectativas de un país entero. En efecto, hasta hace muy poco, la opinión pública y la prensa criticaban duramente a las instituciones deportivas, a sus dirigentes y sus jugadores, con énfasis en la existencia de una larga crisis de resultados, de falencias organizativas y de serias acusaciones de corrupción. Las evidencias que sostenían ese diagnóstico terminal son inapelables. En términos de resultados, el Perú mantiene un patrón que combina escasas victorias y usuales derrotas: nuestra última participación mundialista fue en 1982; la Copa América se ganó dos veces, la última en 1975, hace 43 años. A nivel de clubes nunca se ha ganado la Copa Libertadores, la más importante competencia de la región; los clubes peruanos son regularmente eliminados en sus instancias iniciales. La excepción ocurrió en 2003, cuando «la furia roja», el club Cienciano del Cusco, ganó la por entonces recién creada Copa Sudamericana. Paremos de contar. En términos organizativos, la situación también es crítica. Los principales clubes de fútbol históricamente han sido y son instituciones débiles, con pocos socios y dirigidos por pequeños grupos. Como asociaciones civiles no han sido escuelas de democracia y participación ciudadana, como podría sugerirnos una lectura sobre la naturaleza de los clubes según Tocqueville (Panfichi, 2013), sino espacios de personalismo, clientelismo y lucha fratricida. Además, las autoridades deportivas nombradas por los gobiernos de turno y las dirigencias de los clubes han disputado regularmente el control del fútbol peruano, lo que ha añadido inestabilidad y caos a la conducción directriz. Durante décadas, la organización de los torneos y la conducción del seleccionado nacional han sido las arenas a las que se han trasladado las disputas por el control del deporte, con lo cual se han supeditado los logros deportivos a intereses 8

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