El otro partido

incluso, como ya dije, tratamos de dar actividad no solamente al fútbol sino a otros deportes (La Crónica, 2 de febrero de 1973). Las declaraciones del capitán Rouillon interpelan al «pacto de caballeros». Bajo la tutela de una figura reconocida, estos equipos eran subvencionados en sus actividades profesionales gracias a los favores de un benefactor, con lo que se desplazaba la necesidad de generar ingresos autosostenidos provenientes de la colaboración colectiva de los asociados. Como subraya un ex dirigente del Aurich de Chiclayo: El fútbol lo manejaban los mecenas. El mecenas que se cansaba de aportar lo decía. El equipo, [hace ademán de quedarse congelado] hasta que entre otro que la ponga ¿no? (…) En el aspecto institucional, no había instituciones. En la U ¿cuántos votaban?: 80; en Alianza ¿cuántos votaban?: 120. Y tenían pues el 80 por ciento de la hinchada del país los dos. No había socios. Se mantenían los socios fundadores y los hijos de los socios fundadores cuando morían ellos, cuando moría el fundador. Entonces, y el fútbol crece, pero la falta institucionalidad, no; no crece, se queda ahí (entrevista, 25 de agosto de 2015). Esta dependencia económica se tradujo también en una relación de dependencia política, pues el accionar de los clubes, el torneo profesional y la selección de fútbol se discutían como arreglos personales al amparo del capital político y económico reunido por las dirigencias. El «pacto de caballeros» mantenía a personalidades fijas en las cúpulas del poder, las que inclusive podían definir quiénes serían los futuros dirigentes del club. La resistencia de los dirigentes tradicionales para abrir el padrón de asociados era una estrategia de control en manos del dirigente, sus parientes y allegados. Tal es el caso de un ex presidente de Alianza Lima elegido en la década de 1970. Como recuerda, el mecenas aportaba directamente de su peculio el dinero con el que el club subsistía. Y aunque podría haber sido presidente del club cuando hubiese querido, el mecenas decidió quedarse en el puesto de tesorero con el fin de efectuar los gastos directamente de su chequera personal. Cuando decide tomar un descanso, convoca a un asociado de su confianza para que ocupe el rol de presidente (y pueda manejar la chequera del mecenas): Él me dice [el tesorero] «oye (…) me voy con mi mujer de gira año y medio a escuchar conciertos a Europa. Entonces voy a pedir que seas el presidente». Se reunió la junta directiva y [dijo] «Señores (…) quiero que se apruebe el medio año de licencia. Que el club elija un presidente. Tú no puedes ser, Enrique, porque tú eres coronel en actividad y estás en Huarmey por la reconstrucción y 76

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