El otro partido

sus ideologías a la retórica del deporte como progreso en combinación con su potencial para despertar pasiones en el pueblo (Yoder, 2016). Este proceso también aceleró la conformación de entes rectores del deporte nacional y la constitución de federaciones responsables de cada disciplina. Ante esta medida, la FPF— controlada hasta ese momento por los clubes — buscó desligarse del nuevo ente deportivo estatal y puso énfasis en la necesidad de mantener su autonomía y la representación internacional que había obtenido de la FIFA. Este intento independentista provocó la dura reacción del Comité Olímpico que, en palabras Rafael Quiroz: «declaró la guerra señalando que la FPF no representa al fútbol nacional, ni tiene la afiliación ni representación y, en consecuencia, debería entregar al Comité los enseres, archivos, libros, y los fondos que tuviera» (1998, pp. 35-36). Frente a lo que consideraban un «abuso incalificable», los clubes reunidos el 7 de enero de 1925 en Asamblea General acordaron que la FPF cambiaría de nombre; en adelante se llamaría la Asociación Peruana de Fútbol (APF), con lo cual preservaba su autonomía y la afiliación internacional. La disputa escaló cuando la Confederación Sudamericana de Fútbol (CSF), reunida en setiembre de aquel año en Buenos Aires, desconoció al delegado peruano Carlos Reyes Llerena enviado por el Comité Olímpico. Para la CSF, el único organismo peruano reconocido por la Confederación Sudamericana y la FIFA era la FPF, ahora APF (Quiroz, 1998, p. 35). En vista de este rechazo, el Comité Olímpico decidió reactivar a la FPF, pero esta vez con dirigentes nombrados discrecionalmente por el gobierno. En efecto, según el acta de la FPF del 11 de diciembre de 1925, la dirigencia que asume la «nueva» FPF estaba presidida por Enrique Marquina, siendo directores los señores Julio Ferrand, Guillermo Amésquita, y Daniel Becerra de la Flor, entre otros. Destaca como delegado ante la FIFA el conocido Alfredo Benavides Canseco, quien en ese momento era embajador en Holanda. Según Quiroz, la mayoría de estos dirigentes, con alguna excepción, no tenían conocimiento de la problemática del fútbol ni de la realidad que enfrentaban los clubes (Quiroz, 1998, p. 36). Desde ese momento, una división de larga duración quedó sancionada. Entre 1925 y 1990, los gobiernos peruanos han conservado la prerrogativa de nombrar a los dirigentes de la FPF, mientras los clubes han continuado organizados en la APF —que en la década de 1970 se llamaría Asociación 45

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