El libro entre los hijos de Atahualpa : la experiencia de la Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca
41 Hemos dicho más de una vez que no debe entenderse el servicio de información en las áreas rurales como un raro privilegio esporádico, sino como un genuino atri- buto y como una sincera responsabilidad de las propias poblaciones. Es decir, la lectura no solo como un servi- cio, sino como la reivindicación de la propia sabiduría y el ejercicio del derecho de cada pueblo a la cultura de todos los pueblos. La lectura como un acto de libertad, fertilizadora de la paz y del respeto, y como un derecho al placer del conocimiento y del crecimiento. En fin, no creo que esté muy bien rezar como un grafiti que leí alguna vez y que decía: «Señor, si no pue- des hacerme adelgazar, haz que engorden todas mis ami- gas». Prefiero aquel que dice: «Si quieres que tus sueños se cumplan, despierta». Si las paredes pueden hablar, ¿qué no podrán decir los obreros que las levantaron? ¿Qué no podrán ense- ñarnos los albañiles que las diseñaron? ¿Qué no podrán contarnos los humildes que acarrearon la tierra y los campesinos que producían los alimentos para darles la fuerza de seguirlas levantando? Creemos, siempre, que este esfuerzo nuestro solo es uno más entre los muchos esfuerzos que se despliegan para que este sueño de la justicia y los saberes comparti- dos ocurra, precisamente, mientras estamos despiertos.
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