El libro entre los hijos de Atahualpa : la experiencia de la Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca
128 y con su tierra. Porque la lectura puede desanudar el yugo que nos agacha y revelar el futuro que nos reclama. Quiero concluir con un poema de César Vallejo — quien nació en el campo, en la región vecina de Caja- marca—, del poemario España, aparta de mí este cáliz , que escribió como testigo de aquella guerra civil, como la más honda invocación a la unidad. El poema se llama «Masa»: Al fin de la batalla, y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre y le dijo: «¡No mueras, te amo tanto!» Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo. Se le acercaron dos y repitiéronle: «¡No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!» Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo. Acudieron a él veinte, cien, mil, quinientos mil, clamando: «¡Tanto amor y no poder nada contra la muerte!» Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo. Le rodearon millones de individuos, con un ruego común: «¡Quédate, hermano!» Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
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