El imperio inka

como relata Ondegardo, continuó siendo reverenciada hasta el primer periodo colonial: […] por sus opiniones sintieron los indios en extremo y no lo pagaron mal si lo pusiéramos en precio el dejar la plaza como se estaba, que después que lo entendí, la di de mejor voluntad a la iglesia […] lo principal fue quitarles la reverencia grande que se tenía a aquella plaza por esta razón. Continúa diciendo que la fina arena blanca de la plaza fue traída desde la costa del Pacífico por orden de los incas y que descubrieron las estatuas de oro y plata de los hombres, mujeres y animales al retirar la arena, pues estaban enterradas en ella. El transporte de la arena no solo fue un acto muy intensivo en mano de obra y una manifestación de voluntad y

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