El imperio inka
enterraban con los niños sacrificados de los rituales de la capacocha (ofrendas sacrificiales extremadamente sagradas), las que constituyen la inmensa mayoría de objetos incaicos hechos con metales preciosos que sobreviven hasta hoy (ver figura 11.6 en este libro). Son figurinas bastante sencillas, ya sea fundidas o martilladas, y que nos dan la idea de los tipos de imágenes en tamaño real que había en el legendario jardín del Coricancha. Se dice que todas las especies de animales, plantas y personas estaban representadas. Casi todas estas imágenes y objetos fueron fundidos para extraer el metal, ya sea en Perú o poco después de su llegada a España (Lothrop, 1938). Entre todas estas esculturas figurativas había también vasijas de oro y plata
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