El imperio inka
pertenecientes a su religión y supersticiones. Al tercer año entraban a otro maestro, que les declaraba en sus quipus los negocios pertenecientes al buen gobierno y autoridad suya, y a las leyes y la obediencia que se había de tener al Ynga y a sus gobernadores, y los castigos que se les daban a los que quebrantaban sus mandatos. El cuarto y postrero año, con otro maestro aprendían en los mismos cordeles y quipus muchas historias y sucesos antiguos, y trances de guerras acontecidas en tiempos pasados y las astucias de sus ingas y capitanes (Murúa, 2001 (1590], p. 364). La educación de estos futuros jóvenes administradores se enfocaba en generar lealtad y adhesión a los valores, políticas e instituciones del Estado incaico (figura 9.9). La escuela de quipus en Cuzco habría cumplido un rol también
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