El imperio inka
factor de cien (D’Altroy, 2005). Se ha registrado la existencia de algunos estilos arquitectónicos o de cerámicas mixtos o fuera de lugar en, por ejemplo, la frontera de Bolivia (Alconini, 2010) y en el valle de Lurín (Makowski & Vega Centeno, 2004), pero estos casos son inusuales. Uno pensaría que, si el programa de la mitmaqkuna era la fuerza motora de la economía imperial tardía, deberíamos reconocer sus huellas materiales con mayor facilidad. Pero como este no es el caso, debemos repensar la forma en que utilizamos las herramientas arqueológicas para estudiar el que puede haber sido uno de los programas económicos más importantes del incanato. En cuarto lugar, ¿cuál fue el efecto biológico que tuvieron sobre la
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