El imperio inka

por ejemplo, frisos, murales y monumentos— resulta llamativa. He sostenido antes (D’Altroy, 2010, 2015) que dicha práctica probablemente nació del interés incaico por dividir concepciones culturales en cosas que tuviesen una existencia material, que tuviesen expresiones inmateriales (discursos, genealogías y sagas orales) y performáticas (por ejemplo, rituales). Considerando que mucha de la economía incaica estaba dedicada a servicios que prácticamente no dejaban un rastro material —aproximadamente el 40%, según los censos laborales de los que queda evidencia— y que evitaban crear ciertos objetos, debemos tener en mente el balance entre lo material y no material al considerar la estructura general de la economía estatal.

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