El imperio inka
observaron una serie de factores no humanos vinculados a la producción agropastoral y de otros tipos. Los más importantes eran los numerosos dioses, seres o formas de consciencia que habitaban los cielos, agua y tierra, de cuya buena voluntad dependía el bienestar de las personas. En la mirada incaica, por ejemplo, las cumbres de las montañas ( apu, wamani ) eran dueñas de los rebaños y otorgaban agua y buen clima (Reinhard, 1985). De forma similar, la buena voluntad de la Madre Tierra (o Pachamama) era propiciada con ofrendas de coca y cerveza de maíz (chicha o awasqa ), mientras que el mar, los lagos, el cielo y el clima tenían también sus propias deidades.
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