El imperio inka

demanda como fuerza determinante en los precios; tampoco existía el dinero 24 ni manera alguna de comprar o vender tierras o mano de obra, ni teoría formal de una economía política capaz de sostener al Estado. En cambio, los principios subyacentes a la práctica andina implicaban sin excepción un vínculo inextricable entre posición social y relaciones económicas, usualmente legitimadas por un imperativo moral. Entre ellas estaban obligaciones laborales, acceso compartido y limitado a materias primas y recursos productivos, control sobre los productos generados por la mano de obra, y la hospitalidad simbiótica. Los importantes roles que actores y poderes no-humanos (por ejemplo, divinidades celestiales, terrestres y acuáticas, seres de montaña,

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