El imperio inka
inca estaba dispuesto a aceptar a los líderes locales como subordinados, siempre y cuando reconocieran su dominio y aceptaran ciertas instituciones incas. Pedro de Cieza de León ([alrededor de 1550]1988, cap. 17) afirma que las nuevas provincias tenían que adoptar el culto solar inca, cumplir la ley inca y aprender el idioma quechua. El ofrecimiento de alianzas y suntuosos regalos, como vasijas de oro y telas finas, ayudaron al proceso de conquista y división entre las descentralizadas regiones de la sierra. Al describir el suave manto de la diplomacia inca, Hernando de Santillán ([1563]1968, No. 8) también expone la mano dura que yace debajo: aquellos que no se rendían voluntariamente al dominio inca y reconocían que
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