El imperio inka
falencia mencionada, aunque esta vez con datos que atañen mayormente solo al aspecto léxico. Nos referimos, en primer lugar, al léxico puquina compartido por el callahuaya, lengua profesional de los herbolarios de Charazani, vigente hasta hace poco, y que fuera registrada por Oblitas Poblete (1968) y Girault (1989). En segundo lugar, hacemos referencia a la información proporcionada por la onomástica atribuida a la lengua, identificable no solo en las fuentes escritas coloniales sino también en la toponimia, cuya nutrida presencia permite, además, rescatar el mapa del territorio geográfico sumergido posteriormente por el aimara y el quechua. En tercer lugar, llamamos la atención sobre una fuente de
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