El imperio inka
algunos dellos e tomandoles sus tierras… (Levillier, 1940, pp. 17-22). Como resulta claro de este discurso, al encontrarse por primera vez con grandes huestes de los incas, la gente de la localidad sentía miedo e incertidumbre sobre las razones de su aparición, fue, no obstante, rápidamente cautivada por las dádivas espléndidas que el inca les traía: así subsumida a la opulencia material del imperio, acabó sometiéndose al poder incaico y a la obligación tributaria. Es también evidente que ellos comprendían bien las consecuencias de la otra alternativa: rehusar rendir homenaje a los incas equivalía a un aniquilamiento inmediato y destrucción total. En este sentido, los incas llegaban a las comunidades como una antinomia, personificando riquezas generosas, y a la
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