El imperio inka
críticas a la formalización de una historia oficial del linaje incaico. Mucho influyó en las intenciones y preocupaciones de la nobleza incaica que había logrado sobrevivir a la conquista y seguía morando en la capital de Cuzco bajo el dominio español. Después de la Conquista, los sobrevivientes de la estirpe real fueron reducidos a ocho parroquias de la ciudad de Cuzco y se les exigió que juraran lealtad perenne a su nuevo «apo», al rey de España. El hacerlo les garantizaba su estatus en el orden regio del Estado español. Como símbolo de su nobleza, no solo se les permitía usar el título honorífico de «don» y «doña», además de otros privilegios, sino que estaban exonerados del tributo y trabajo forzoso (mita) que se requería a los indios
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