El imperio inka

(Fernández de Oviedo y Valdés, 1851- 1855[1534], p. 228; Estupiñán, 2003). Atahualpa fue posteriormente ejecutado en julio de 1533. Su cuerpo fue enterrado por los españoles, pero exhumado poco después y supuestamente entregado a Rumiñawi en Ecuador (Murúa, 1962[1611], p. 222; Betanzos, 1996[1551-1557], p. 274; Estupiñán, 2011, pp. 192-193), pues los restos del gobernante eran cruciales para la transferencia de poder y sucesión imperial (MacCormack, 1991). Después de la llegada de los refuerzos españoles a comienzos de 1534, uno de los capitanes de Pizarro, Sebastián de Benalcázar, partió hacia el norte en busca de tesoros y para asegurar el control sobre el reino septentrional del Tahuantinsuyo, mientras que la mayoría

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