El imperio inka
(D’Altroy, 1981; Gasparini & Margolies, 1980; Hyslop, 1984, 1990; Idrovo, 2000; Julien, 1983; Matos, 1994; Morris & Thompson, 1985; Raffino, 2004). Si bien esto no quiere decir que el trabajo comparativo detallado no logre revelar la variabilidad en elementos, materiales y modos de construcción específicos, entre otros (ver Nair & Protzen, este libro), la impresión general es que el Estado requirió un grado considerable de conformidad respecto al entorno construido. En los Andes ecuatoriales parece haber un repertorio bastante limitado de los tipos de sitios imperiales incaicos, aunque sí existe cierta evidencia de innovación dentro de los parámetros generales. De acuerdo con Cieza de León (1995[1553], pp. 109-140), quien
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