El imperio inka

particular, las fosas profundas por las que la región Carchi-Nariño es famosa, así como el contenido de las tumbas, claramente señalan diferencias en el estatus social. Las élites fueron enterradas en tumbas que podían alcanzar de 30 a 40 metros de profundidad con múltiples acompañantes y grandes cantidades de oro, plata, tumbaga (una aleación ternaria de oro, plata y cobre), cerámica, y objetos de concha (Francisco, 1969; Grijalva, 1937; Uribe & Lleras, 1982- 83). Los nobles de menor importancia eran enterrados en tumbas más superficiales, de entre siete a diez metros de profundidad, mientras que las tumbas de la población plebeya eran mucho más superficiales y por lo general no tenían ofrendas (Francisco, 1969;

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