El imperio inka

curacas con los que estaban afiliados (Larraín, 1980, p. 206). Los grandes sitios de montículos de País Caranqui probablemente sirvieron como centros regionales y puntos focales rituales para el encuentro periódico de una población altamente dispersada en lo que se puede interpretar como una jerarquía de asentamientos de tres niveles. Las comunidades de esta región también estaban vinculadas a través de una compleja red de relaciones sociales y económicas que implicaba el intercambio de bienes y personas. Como señala Salomon (1986, p. 135), los grupos de la sierra norte eran cultural y ecológicamente heterogéneos, con muchos enclaves de control independientes en la montaña occidental y en el valle Chota-Mira (ver

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