El imperio inka

estaría vinculada a una práctica de subsistencia y reproducción social asociada con el manejo estacional y altitudinal de estos espacios (Quiroga, 2010, p. 193). El invierno, además de ser el momento para la preparación de la tierra para reiniciar el ciclo agrícola anual, es una fecha fundamental que determina los movimientos altitudinales y el sustento de alimentos. Además, es probable que haya existido una interdigitación de terrenos discontinuos, que les permitía a las poblaciones compartir recursos a partir de un tejido de vinculaciones recíprocas cuya naturaleza desconocemos hasta el momento.

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