El imperio inka
Cuzco, en el remoto Arzobispado de Quito, el cura diocesano Lope de Atienza también escribiría un libro curiosamente empático ([1572- 75]1931) basado en sus amplias experiencias en parroquias «indias». Detectó ecos de cultura inca y nostalgias por el Tahuantinsuyo en la rudimentaria vida pueblerina. Diez años después, sin embargo, el virreinato toledano comenzó a analizar el legado incaico con intenciones hostiles. El visitador diocesano del Virrey Toledo, Cristóbal de Molina, apodado «el cuzqueño», ya estaba íntimamente familiarizado con los rituales incaicos según los recordaban los nobles y según practicaban todavía las poblaciones plebeyas. Los aliados del virrey Toledo le comisionaron escribir la
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