El imperio inka
hace suponer también que en tiempos de guerra pudo haber funcionado como frontera, pero en tiempos de paz debe haber sido flexible (Schramm, 2012; Meruvia, 2000). C ONCLUSIONES En los acápites precedentes, a la luz de las investigaciones desde una perspectiva regional y de indicadores arqueológicos correspondientes, se han ido estableciendo ya ciertas conclusiones: que Inkallajta no es simplemente una «fortaleza» y menos una frontera, sino una gran capital —y muy probablemente una waka —, que tiene diversos componentes y ha cumplido variadas funciones, dentro una intención ideológica y hegemónica por parte del imperio. Asimismo, se ha delineado la
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