El imperio inka

consigo guerras y la construcción de múltiples fortalezas desde aproximadamente 1250 a 1300 d.C. (Pärssinen, 2005, pp. 103-120). El mismo periodo de rearmamento también puede observarse en otros lugares en los Andes centrales y del sur (Arkush, 2008; Nielsen, 2007; Pärssinen, 2005; Stanish, 2003). Más aún, el cambio de los siglos trece y catorce testificó la expansión repentina de un nuevo culto ancestral, caracterizado por torres funerarias, chullpas (Hyslop, 1977; Kesseli & Pärssinen, 2005), y un nuevo estilo de cerámica llamado Horizonte Negro sobre Rojo, acompañado por patrones de diseño de las cerámicas que se asemejan al estilo incaico.

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