El imperio inka

Yupangui, su abuelo» (Vizcarra, 1967[1574], p. 305). En general, parece ser que cada nuevo inca debía confirmar su autoridad política frente a los líderes provinciales para prevenir futuras rebeliones. Esto también evidencia que las provincias del Estado incaico no fueron anexadas voluntariamente al Tahuantinsuyo, sino que los vínculos entre las provincias y Cuzco se construyeron a nivel personal. Cuando los incas subyugaban una provincia (usualmente un antiguo curacazgo), sus líderes se debían al gobernante, no al Estado. Este vínculo personal se fortalecía tanto gracias a valiosos regalos como por relaciones de parentesco: el inca ofrecía a sus hermanas, hijas u otros parientes femeninos cercanos a los líderes

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