El imperio inka
oficiales o grandes rodeos ( chaku ) en los que miles de guanacos, vicuñas, ciervos y otros animales eran encerrados, lo cual permitía esquilar los camélidos y matar selectivamente animales viejos o machos, de modo de no afectar el potencial reproductivo de estas poblaciones. La carne así obtenida se secaba al sol para su conservación ( charki ) y se distribuía en los almacenes reales para satisfacer las diversas obligaciones del Estado (Dadenbach-Salazar, 1990, pp. 161- 164). Los datos zooarqueológicos brindan cierto respaldo a estas ideas. En los sitios residenciales del Mantaro, por ejemplo, Sandefur (2002) advierte un ligero aumento del consumo de cérvidos durante la fase Wanka III que podría atribuirse a un aporte de este tipo. Los conjuntos de camélidos de los sitios del
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