El imperio inka

(D’Altroy, 1992; D’Altroy & Hastorf, 2001). La instalación de centros incaicos y el crecimiento de los conglomerados asociados a zonas de cultivo en ambiente de kichwa y suni han sido notados también cerca de Junín, en los valles de Tarma y Ricrán (Parsons, 1998; Parsons, Hastings & Matos, 2000). Más al sur, es conocido el desarrollo de un gran proyecto agrícola en el valle de Cochabamba (Wachtel, 1981) y otro en las cabeceras de la quebrada de Humahuaca-Iruya-Nazareno (Nielsen, 2001; Ventura & Albeck, 2016). En ambos casos, sin embargo, la necesidad de numerosos animales de carga para distribuir la voluminosa producción de estos centros a otras regiones exigió mantener espacios ganaderos en su cercanía. En el caso de Cochabamba, las

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