El imperio inka

la multiplicación del rebaño. Los responsables de los hatos en cada localidad recibían entonces castigos o premios, según los resultados de la temporada. La importancia de la ganadería imperial era tal, que el encargado general de los rebaños del estado en Cuzco era el sobrino del propio inca y su hijo el responsable de los hatos del sol (Dadenbach-Salazar, 1990, p. 128). Las cifras que dan las fuentes escritas sobre la dimensión de los rebaños son poco confiables, pero dan cierta idea de la magnitud que pudo alcanzar la riqueza pastoril en algunas regiones. Así, para el alto valle del Mantaro, Browman (1974, p. 189) estima que los rebaños del Estado y del culto sumaban unas 150 000 cabezas, mientras que los pertenecientes a las

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