El imperio inka

metas de peregrinaje religioso y a las más altas cumbres, en altares de sacrificio y lugares de ofrenda. Las cimas andinas revistieron entonces la doble función de escenarios ceremoniales y destinatarias del culto. La historia de los hallazgos de cuerpos momificados en las altas montañas andinas se inicia a fines del siglo XIX y durante las primeras décadas del siglo XX a raíz de hallazgos accidentales (en el caso del infante del nevado de Chañi) o como resultado de ascensiones orientadas intencionalmente a la búsqueda de tesoros (en los casos de la momia del Chuscha y del niño de El Plomo). En la segunda mitad del siglo XX continúan produciéndose descubrimientos accidentales, como el de las jóvenes del cerro Esmeralda; al

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